Por: Gonzalo Hernández

El Banco de la República y su tasa de interés

La Junta Directiva del Banco de la República, en su reunión del 27 de julio, decidió reducir una vez más su tasa de interés de intervención. Así, luego de disminuirla 25 puntos básicos, la tasa de interés a la que el banco central les presta a las entidades financieras llegó a 5,5 por ciento.

Con la reunión del jueves pasado podemos contar entonces seis reuniones consecutivas en donde la autoridad monetaria le apunta a tasas de interés más bajas con el fin de reactivar la economía colombiana.

Esta es la decisión correcta. Sin embargo, como he anotado en varias de mis columnas de El Espectador, no debe olvidarse que estas disminuciones son, quizás, la consecuencia de una reacción excesiva e innecesaria del banco frente a los choques inflacionarios del año 2016. En particular, el Banco de la República hizo énfasis en estabilizar los efectos inflacionarios del fenómeno de El Niño (2015-2016), y por eso, hace casi un año —en agosto de 2016— la tasa de intervención llegó a 7,75 por ciento.

Aunque nadie dudaba de la transitoriedad del choque, el banco argumentó en su momento que las expectativas de inflación podían desanclarse y que, de esta manera, tendríamos una inflación mayor. Difícil saber qué habría ocurrido si el banco hubiera dejada inalterada su tasa de interés, pero dudo que hubiéramos entrado en un espiral inflacionario. Es más, con los aumentos de la tasa, el banco se contradecía a sí mismo y enviaba mensajes confusos sobre la idea de que el choque inflacionario del fenómeno de El Niño era pasajero.

El banco ahora revierte sus decisiones del año pasado. Con 5,5 por ciento de tasa de interés, volvimos a los niveles de los primeros días de diciembre de 2015. ¿Valió la pena, en este caso, el paseo por la montaña rusa? No creo. En cambio, sí es posible que, con un contexto internacional adverso para la economía colombiana, el banco haya contribuido a la desaceleración cuando priorizó un cuidado conservador de la inflación. Ahora tiene que remediar sus acciones.

Infortunadamente, como dije en algún momento, el banco haló el hilo de la cometa. La cometa quedó en sus manos. Suelta ahora el hilo y la cometa no vuela. Aunque el banco espera que sus tasas bajas se traduzcan en reducciones sustanciales en las tasas de los mercados crediticios, esto no ha ocurrido. La tasa de interés promedio de los créditos comerciales preferenciales y corporativos ha caído apenas 1,70 por ciento en 2017. Y aún menos satisfactorio es que las tasas de interés promedio de los créditos para consumo y crédito ordinario muestren solo un descenso de 1,15 y 1,12 por ciento, respectivamente. Estos dos últimos mercados son los claves ya que los montos de los créditos ordinarios y de consumo doblan los montos de los créditos preferenciales y corporativos. En general, las reducciones no parecen estar a la altura de la necesidad de una reactivación económica.

A pesar de los buenos intentos, difícil que se cumpla el eslogan del banco: “Trabajamos para preservar el poder adquisitivo de la moneda con crecimiento alto y sostenido”. Lo primero bien. Lo segundo, mucho más importante, no tanto.

* Profesor asociado de Economía y director de Investigación de la Pontificia Universidad Javeriana.

Buscar columnista