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Oscar Guardiola-Rivera 5 Feb 2013 - 11:00 pm

Opinión

El destino de un rey

Oscar Guardiola-Rivera

A juzgar por el hallazgo arqueológico de esta semana, tal parece que el destino de un rey es ser enterrado bajo un parqueadero. El esqueleto de Ricardo III, el último de los reyes “guerreros” de la Inglaterra premoderna, fue encontrado bajo el parqueadero de Black Friars en Leicester.

Por: Oscar Guardiola-Rivera
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El rey Ricardo es más conocido por su aparición en la famosa comedia negra de William Shakespeare que lleva su nombre, que por cualquier otra razón. En la obra de teatro, Ricardo III es presentado como un villano malvado y oscuro, un monstruo sediento de sangre dispuesto a usar la fuerza con tal de mantenerse en el poder, al tiempo un brillante manipulador y un maestro de la decepción. Los historiadores han disputado por largo tiempo esta representación, argumentando que el personaje de la obra es fruto de la propaganda de los Tudor, quienes habían reemplazado a los Plantagenet y se encontraban en el poder durante la época de Shakespeare.

Con todo, un lector casual en la actualidad podría concluir que este es el retrato de cualquier poderoso de nuestra época.

El fin de semana anterior circuló un video en el cual una familia española, incapaz de seguir pagando su deuda al banco, es expulsada de su casa. Los vecinos forman una cadena alrededor de la misma con el fin de evitar la entrada de la policía. Uno a uno los eslabones humanos de esta cadena son retirados por las fuerzas del orden con violencia.

Mientras ello ocurre, leemos en El País que, según los documentos allí publicados, la actual clase política española, incluido el primer ministro conservador Mariano Rajoy, al parecer lleva años recibiendo pagos de parte de los intereses comerciales.

Lo que ocurre en España es una monstruosidad digna del mismísimo Ricardo III. No sólo se pone a la fuerza del Estado al servicio de los intereses de los poderosos, sino que además se lo hace bajo la apariencia de necesidad y puritanismo. Sabemos ahora que la “austeridad” es para los demás, no para ellos. Estamos frente a maestros de la decepción, dignos de una comedia negra.

Shakespeare atribuía el carácter de Ricardo III a las ofensas de las que habría sido objeto durante su juventud, debido a su fealdad o a un defecto de nacimiento. Varios historiadores han negado que ello sea cierto.

Parece, sin embargo, que al menos en este punto el dramaturgo inglés tenía razón. El esqueleto hallado en Leicester tiene la espina dorsal horriblemente curvada y cortes en el cráneo. En la obra ello enfatiza la duplicidad del personaje, que pretende ser una cosa pero es otra y hace una afirmación cuyo significado es el contrario. “He perdido dinero al entrar a la política”, dicen nuestros reyezuelos contemporáneos. ¿Querrán decir lo contrario? Podrían terminar enterrados en un parqueadero.

  • Óscar Guardiola Rivera | Elespectador.com

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