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Diana Castro Benetti 16 Ago 2013 - 9:23 pm

El edén

Diana Castro Benetti

Anhelamos vivir de perfecciones pero cómo nos salen de pésimo. Mal vendida desde los tiempos del edén, la perfección es una malvada dictadora.

Por: Diana Castro Benetti

Buscarla es peligroso porque puede significar vivir en la amenaza y la locura o dejarse atrapar por el sufrimiento de andar detrás de las enaguas de ideales prestados. Perseguirla puede ser el dolor asegurado para quien no soporta lo imprevisto o la incertidumbre. A perfección inasible, infinito el dolor.

Anhelar la perfección significa atragantarse con lo que otros han pensado y no aceptar que vivimos entre la evidencia de los errores. Errores en los cuerpos, errores en los tiempos, errores en las ideas y errores tan complejos como incomprensibles. Vivimos sumidos en lo que no debe ser, de lo que hay que hacer o cómo hay que ser. Vivimos de los errores de los espíritus que unos creen que hay que purgar o de los errores de los cuerpos que otros creen que hay que corregir. Algunos opinan que las emociones son errores para sofocar o que los pensamientos son equivocaciones para liquidar. Y la realidad, ese cotidiano cocinar, planchar y conversar, reclama a gritos que sólo hay error en la absoluta perfección y gran amor en el desliz.

Error para un sistema es todo lo que se sale del orden, de la norma, de lo previsto, pero las equivocaciones siguen siendo de todos los días, unas menos afortunadas que otras, unas menos dolorosas que otras, unas menos necesarias que otras. Es ahí, en ese terreno fangoso, donde caminamos juntos, explorando, aprendiendo, indagando y asumiendo encargos. Somos errores perfectos que caminamos sin ojos, sin dinero y con tanta inadecuación como brutalidad o estupidez. Error y perfección, dos caras y un mismo látigo que obliga a muchos a ver en el espejo, sus decisiones equivocadas o ciertas, sus caminos de tortura o de placer como si en el fogón la receta pudiera ser otra o en el amor el beso llegara un poco antes. Y así va corriendo la vida con los errores a cuestas o las verdades secretas, y también hay que decirlo: cuando se trata de los espíritus, las almas o los cuerpos, seguir el dictamen de un mercado es el error sin fin.

Por eso y más puede ser útil caminar en los zapatos del otro para conjugar las utopías con lo posible porque, en el medio, buscarán siempre imponerse muy presurosos el absolutismo y el miedo. Hay que darles lugar a los márgenes, las dudas, lo inaudito, lo exótico, lo inapropiado, lo excéntrico, tanto como a lo común, lo ordenado, lo rutinario y lo conocido. Pero sobre todo hay que darles lugar a las preguntas para que ahí, como expulsados del Edén, sólo se alojen la aceptación, la gratitud y la comprensión.

  • Diana Castro Beneti | Elespectador.com

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eradelhielo

Sab, 08/17/2013 - 01:58
Muy buena columna. Muy cierto, nos pasamos buscando un espejismo de algo que no existe y ni siquera es necesario para ser felices.
Opinión por:

OpinadordeBogota

Sab, 08/17/2013 - 00:12
Cada semana espero esta columna de patafísica, que sin pretensiones nos saca de la peleadera de los foros. Le salió linda esta página plagada de errores.
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