Por: Juan Carlos Gómez

El escrache

En España, sumida en una profunda crisis económica y devastada por el desempleo, cada día que pasa se hace más notoria la ineptitud de su dirigencia política.

Tanto el gobierno como la oposición están acorralados sin capacidad de responder frente al desastre. Aun dirigentes históricos como Felipe González pronostican que el país “galopa hacia una anarquía disolvente”.

En medio de ese estado de ánimo algunos españoles, sin embargo, se resisten a dejarse llevar por la avalancha. Surgen soluciones de rebusque, como las monedas sociales que, basadas en el intercambio de servicios, permiten que las personas puedan consumir, aun cuando no tengan un euro en su bolsillo. Actividades básicas como planchar ropa, cuidar niños ajenos o reparar electrodomésticos sirven para abonar y adquirir bienes y servicios, cuya oferta y demanda se difunden diariamente por internet. A través de plataformas electrónicas se llevan los registros y se crea una comunidad “monetaria” basada en la confianza.

Frente a la realidad de que muchos españoles van camino a la miseria y son desalojados de sus sitios de vivienda, cada vez se recurre más al escrache. Es una forma de protesta social que en países como Argentina y Uruguay han utilizado los activistas de los derechos humanos. El escrache en España se ha practicado principalmente frente a la residencia de los jueces que ordenan los desahucios.

Naturalmente se trata de una indebida intromisión en la tranquilidad y la vida privada de las autoridades afectadas y los manifestantes son dispersados de inmediato por la policía y multados recurrentemente. Sin embargo, eso no parece disuadir a los que protestan. En días pasados los escraches se plantaron frente a la casa del presidente del Congreso de los Diputados y también de la vicepresidenta del Gobierno.

Seguramente las protestas no lograrán echar atrás las medidas económicas que agobian a España, pero, al menos, los que gobiernan ya no podrán dormir tan tranquilos en la intimidad de su hogar, creyendo que lo hacen bien, cuando en realidad están llevando a un país a la ruina, gracias a su ineptitud.

Sería interesante hacer la lista de tantos colombianos que con sobrada razón se merecerían un escrache de vez en cuando.

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