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Ramiro Bejarano Guzmán 2 Mar 2013 - 11:00 pm

Notas de buhardilla

El general rencor

Ramiro Bejarano Guzmán

El libro del general Álvaro VAlencia Tovar Los Presidentes que yo conocí, pertenece a la serie de aquellos textos autobiográficos que en nada contribuyen a la historia, porque se convierten en testimonio de vanidades o en oportunidad para agitar viejas rencillas políticas, personales o familiares, de aquellas que perturban el alma hasta la muerte.

Por: Ramiro Bejarano Guzmán
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El recuerdo personal de los encuentros que sostuvo Valencia con 12 presidentes es un relato que adormece. Como dice un amigo, este libro tiene la virtud de que decae desde el principio. Está lejos de parecerse a publicaciones serias como la revista Historia Crítica, del Departamento de Historia de los Andes, o la colección del Centro de Estudios en Historia del Externado —el más reciente, los informes del espía colombiano en la Corte de Fernando VII— o los excelentes estudios de la Universidad Nacional, para sólo mencionar algunas.

A un buen entendedor le queda fácil comprender que Valencia no dibujó los perfiles de cada uno de los gobernantes a los que conoció durante su vida castrense. El trabajo es una mezquina y tardía cuenta de cobro al expresidente López Michelsen, por el ya casi olvidado episodio acaecido en su gobierno, por cuenta del cual fue llamado a calificar servicios el comandante del Ejército Valencia Tovar.

Desde la primera hasta la última página, lo que se advierte es la hiel de Valencia con el exmandatario al que le atribuye el accidentado final de su carrera militar. Para quienes no lo recuerdan o no lo saben, Valencia se vio envuelto en una disputa entre oficiales de alta jerarquía que discreparon del entonces ministro de guerra, Varón Valencia, por los traslados de otros oficiales. El presidente López hizo lo que debía hacer. En efecto, ante una situación por lo menos incómoda, decidió que prevaleciera el criterio del más antiguo de sus generales, que para desgracia de Valencia no era él, sino quien se desempeñaba como titular de la cartera de Defensa. Pero la ponzoña de Valencia le hace insistir después de tantos años en que el “Compañero Jefe” tenía que haberse echado a sus brazos y mandar al carajo a su ministro.

La furia de Valencia no es solamente porque López lo sacó para siempre de la milicia sin dejarlo llegar a la cúspide, sino también porque el confuso suceso se prestó para que algunos medios lo interpretaran como un intento de golpe de Estado. A pesar de que el propio Valencia reconoce que López desmintió el infundio, la herida no ha sanado.

Ni siquiera agradeció Valencia Tovar la excesiva generosidad de Felipe López, quien en la entrevista a Iragorri calificó como un error del gobierno de su padre la llamada a calificar servicios del general. Ciertamente, de pasadita Valencia Tovar recogió la calumniosa versión del crimen de Mamatoco “y el Carabinero” —otro homicidio atribuido intelectualmente al “hijo del Ejecutivo”, odioso apodo que hizo famoso a Lorenzo Marroquín, el hijo del expresidente José Manuel Marroquín —el presidente de la Guerra Civil de los Mil Días y la separación de Panamá—, pero que la oposición conservadora de los años 50 se lo endosó a López Michelsen.

Culpar a López de los crímenes que la maledicencia goda fabricó perversamente, como lo hizo Valencia en este vengativo texto que no sobrevivirá, es un error imperdonable en quien suponíamos era intelectual. Pero es sobre todo una infamia. ¿Por qué esperó a que el expresidente muriera para soltar su cicuta ? Otro gallo cantaría si hubiera tenido el coraje de hacerlo en el momento oportuno.

Con razón Borges decía que desconfiaba de los libros menores de 50 años.

Adenda. La condena a Sergio González, el abogado de alias Tasmania, por haber calumniado a los magistrados que conducían las investigaciones por la parapolítica, confirma que sí hubo un complot siniestro fraguado por el gobierno anterior para desprestigiar a la Corte Suprema. Que los uribistas no se hagan los bobos y que el país no lo olvide.

 

 

  • Ramiro Bejarano Guzmán | Elespectador.com

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