Ricardo Bada 30 Ago 2012 - 9:32 pm

Yo soy como el picaflor

El habladito abreviado

Ricardo Bada

Esta es mi columna #100 y quiero dedicársela a aquello que George Steiner, hablando de Shakespeare, llama “el hablar económico” característico del final de su etapa creadora, y Buero Vallejo, al hablar de Velázquez, su “última manera”, de pincelada desenfadada, atrevida y libre.

Por: Ricardo Bada
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Les propongo que lean las siguientes frases: “Siquiera a mí no me proponen esos planes de pidamos cada uno distinto y compartimos”, “Frío este maldito aire acondicionado, Bogotá qué”, “Me gustas pero te da una erección cada que lees a Marx”, “A mí me gusta es trasnochar”, “No me dio rabia, me dio fue mucha pena”, “Sólo necesito es un poquito de espacio y tiempo”, “Yo quería era acercarme”, etcétera. Amén de este estupendo diálogo en Twitter: “—Bueno, me sumé al experimento con lo más parecido que tengo a una foto sexy. —Apruebo. —Siquiera”.

Si ustedes analizan sucintamente dichas frases, convendrán conmigo (estoy seguro) en que en ellas están faltando elementos. Si esas frases se hubiesen escrito conforme a las reglas de la sintaxis, hubieran sonado diferentes: “Por lo menos a mí no me proponen esos planes de pidamos cada uno distinto y compartimos”, “Frío este maldito aire acondicionado, qué Bogotá ni qué niño muerto”, “Me gustas pero te da una erección cada vez que lees a Marx”, “A mí lo que me gusta es trasnochar”, “No me dio rabia, lo que me dio fue mucha pena”, “Lo único que necesito es un poquito de espacio y tiempo”, “Lo que yo quería era acercarme”, etcétera.

Deseo remarcar que este género de habla económica, de última manera, no tiene nada que ver con el lenguaje sincopado de quienes chatean y escriben “xq” en vez de “porque”, sencillamente para ahorrar espacios en formatos que implican limitaciones muy precisas. No; aunque desde un enfoque coloquial y no poético, como es el caso en Shakespeare, este habla económica responde a un criterio de flexibilización y enriquecimiento del idioma, igual que en el ejemplo prodigioso que Steiner pone en su libro, el lamento de Cleopatra sobre el cuerpo muerto de Marco Antonio. Por otro lado, y para que los puristas no se rasguen las vestiduras, vayan sabiendo que los cultores de esta nueva parla y escritura tienen prestigiosos antecedentes en el Siglo de Oro. Y como para muestra basta un botón, pueden cerciorarse leyendo a nadie menos que Cervantes, lo que dice Don Quijote en el capítulo XXI de la 2ª parte: “¡Teneos, señores, teneos!; que no es razón toméis venganza de los agravios que el amor nos hace”. ¿Dónde está el “que” entre “razón” y “toméis venganza”, ah?

Moraleja: cada que escribo una columna, yo quiero es acercarme a mis lectores.

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