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Francisco Gutiérrez Sanín 4 Oct 2012 - 11:00 pm

El heterodoxo y los bandidos

Francisco Gutiérrez Sanín

Murió el gran Eicc Hobsbawim, A los 95 años. Reportan las agencias internacionales que su deceso se produjo después de una “larga enfermedad”, lo que no resulta muy informativo. ¿Cuántas largas enfermedades no pueden sufrir los que lleguen a esas alturas?

Por: Francisco Gutiérrez Sanín
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Hobsbawm, aparte de un extraordinario investigador, fue a su manera un heterodoxo. Estuvo apegado durante toda su trayectoria intelectual a la saga marxista que definió al “siglo veinte corto” —según su propia periodización—, pero no se dedicó a reproducir, ni siquiera en forma velada, dogmas de capilla. También se resistió empecinadamente —y con éxito— a la especialización miope, que es a la vida universitaria contemporánea lo que el centralismo democrático es a los partidos leninistas. Saltaba de un tema a otro, de un siglo a otro, de un área a otra, con una facilidad que hubiera parecido irresponsable si no fuera porque siempre caía parado. Escribió con fortuna sobre nación y nacionalismo —sus trabajos son menos bellos y elocuentes pero más sólidos y sistemáticos que los de su vendedor compatriota Benedict Anderson—, sobre revoluciones, sobre historia de las ideas, sobre guerra, sobre la industria y el imperialismo, sobre la clase obrera, sobre el marxismo, sobre cultura política, sobre la “invención de las tradiciones”, sobre lo que recordaba y lo que no. En suma: sobre lo que le daba la gana. A menudo lo hizo de tal forma que obligó a los especialistas —que acaso miraban con desconfianza su insolente costumbre de traspasar fronteras sin “pasar por los conductos regulares”— a guiarse por sus ideas para no perderse en la naturaleza laberíntica que, inevitablemente, tienen los datos sociales.

Al contrario de muchos autores que se han hecho a un nombre gracias a su capacidad de decir cosas muy simples de manera muy enredada, Hobsbawm buscó identificar proposiciones relevantes, poderosas y sencillas, y expresarlas de la manera más cristalina posible. Un buen ejemplo de esto son sus tesis sobre los “bandidos”. Según Hobsbawm, en los períodos de transición entre dos épocas podían aparecer “bandidos sociales”, que expresaban genuinos resentimientos campesinos. Desarrolló y documentó meticulosamente esta intuición en trabajos de gran factura, que dispararon un rico debate en el que participaron estudiosos de todo el mundo. La objeción principal a la tesis de Hobsbawm fue que esos “bandidos sociales” también mataban, atormentaban y exprimían a los campesinos, algo sobre lo que igualmente había amplia evidencia. Si de alguna manera eran íconos de su rebeldía, también actuaban —siempre u ocasionalmente— como sus opresores. En Colombia, Gonzalo Sánchez y Donny Meertens encontraron que había aún otra categoría, la de los “bandidos políticos”, en un libro prologado por Hobsbawm, que constituye un clásico de nuestras ciencias sociales. El propio Hobsbawm produjo a la postre un recuento admirablemente equilibrado de todas estas discusiones y, si no recuerdo mal, se sentía bastante cómodo con la caracterización ambigua, dual, de sus bandidos sociales, que según él correspondía más a su intención original que la que enfatizaba unilateralmente la “rebeldía primitiva”.

Nada de esto se puede extrapolar mecánicamente ni a nuestro conflicto ni a nuestras conversaciones de paz, ni ha sido mi intención hablar en clave sobre éstas. Pero no me resisto a señalar un punto crucial en el que su análisis diverge del de la actual literatura sobre la maldición de los recursos. Para Hobsbawm, los actores ilegales capturaban rentas y hacían política (a veces). Pero la suma de una y otra actividad no necesariamente sumaba una constante; ser “más rentista” no implicaba ser “menos político”. Bien: creo que en este punto crucial el gran viejo tenía toda la razón. Que su etos de claridad y flexibilidad mental, mirada comparativa y curiosidad insaciable no se pierda.

  • Francisco Gutiérrez Sanín | Elespectador.com

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Enzo Mountain

Vie, 10/05/2012 - 21:31
"Que su etos de claridad y flexibilidad mental, mirada comparativa y curiosidad insaciable no se pierda." Alguien me decía alguna vez, recordando al Adriano de la Yourcenar, que no debíamos tener miedo a contradecirnos. Es decir, lo que uno diga hoy, pasado mañana puede ser "usado en contra nuestra". Lo que este geronte -una suerte de "loco lindo" entre los intelectuales, como dirían los argentinos- suscita es precisamene esto último: "mirada comparativa" que hecha con honestidad nos hace escapar de a los estragos de ideología (la "capilla") y la "curiosidad insaciable" que como buen judío inglés pudo heredar de la tradición veterotestamentaria. "Proverbios arremete con frecuencia contra el testigo falso" De él dice que es peor que cualquier castigo. Quizás el ethos de este autor le re-
Opinión por:

Enzo Mountain

Vie, 10/05/2012 - 21:48
cordaría permanentemente, además, que la sabiduría esta al alcance de la mano, "esperándonos, sentada en el quicio de nuestra casa" y por lo tanto, estos inusuales casos de erudición fueron vocación y requisito para escribir "sobre lo que diera la gana". A los 91 años, el proyecto de una vida dedicada a la sabiduría no puede pues banalizarse simplemente insinuando que la Modernidad tardía (era del vacío, de la crisis de los metarrelatos) es el reino de los "casposos", de los "profesionales lora" que se ganan la vida como Polonio, el personaje de Hamlet dedicado a la fatuidad de estar disparando a diestra y siniestra un chorro incontenible de aforismos. Como Usted, creo que el ejemplo de este gran hombre trasciende los temas de actualidad: remite a la universal urgencia de la sindéresis.
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jmelo

Vie, 10/05/2012 - 11:42
Con todo el respeto que se merece el Doctor Francisco Gutiérrez, pero decir que Hobsbawm hablaba de "lo que se le daba la gana" (aun cuando su centro de atención fue básicamente el origen de la rebeldía en la clase obrera revisando sus formas primitivas) es poco menos que irrespetuoso con un autor que tuvo la suficiente profundidad como para ser estudiado, aunque escribió con la sencillez suficiente para ser comprendido. Y otra, denominar al Benedict Anderson como su "vendedor compatriota" es de una arrogancia desagradable. Claro, la tesis de Anderson es tan amada como odiada, pero es indiscutible que su texto "comunidades imaginadas" aún tiene muchos referentes válidos y por validad en la ciencia histórica y sociológica...
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Boyancio

Vie, 10/05/2012 - 03:33
¿Ese man no jugó en el Junior?
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Alberto V. Velasquez

Vie, 10/05/2012 - 21:00
No, m'hijito, fue en la selección de Polonia, mundial de Argentina 1978. Con Boniek.
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