Por: Luis Carlos Vélez

El hombre del casino

Atrás quedaron los días en los que cuando se escuchaba una declaración del presidente de EE.UU. se suponía que cada palabra, movimiento e incluso inflexión de voz, era el resultado de un análisis y estudio al detalle de sus implicaciones, efectos y reacciones. Las declaraciones del jefe de Estado otrora, hacían detener al mundo por ser escasas como significativas. Hoy todo es diferente.

He tenido la oportunidad de entrevistar a altos funcionarios de EE.UU. Mi primera experiencia fue con Donald Rumsfeld cuando visitó Colombia en el 2003. Aún pichón de periodista, observé que el secretario de Defensa traía un mensaje claro que quería dejar en el país y del cuál era prácticamente imposible sacarlo. Dos años después, también durante una visita a Colombia, llegó Condoleeza Rice, secretaria de Estado, a quien también tuve la oportunidad de entrevistar, y aunque intenté repetidamente sacarla del mensaje, sus respuestas fueron telegrafiadas, como sacadas de un CD, al que solamente le daba “play”. Ellos, muy amables sí, pero muy cautos también, demostraron una gran disciplina frente al mensaje y la comunicación planeada para cada uno de los eventos.

Durante mi paso por CNN fueron muchas las entrevistas que hice con miembros del gobierno del momento y el aprendizaje fue el mismo, un funcionario estadounidense está entrenado casi militarmente para no salirse del guión y solo entregará lo que considere necesario. De resto es prácticamente jugar tenis contra una pared.

En 2012 tuve la oportunidad de sentarme con el presidente Barack Obama en Cartagena durante la Cumbre de las Américas. Llegué con un cuestionario preparado pero, consciente de todas las dificultades anteriores, quise probar algo nuevo y apelar a su carisma. Como resultado, logré un poco más de distensión, pero mucha más disciplina.

Sin embargo, con Trump el juego parece ser completamente diferente. Cada una de sus declaraciones deja en evidencia la falta de estudio y respaldo frente a los temas que aborda. Un ejemplo claro de esto es su declaración del viernes sobre Venezuela en la que asegura no descartar la opción militar para ese país. Con tan solo una frase, validó casi dos décadas de opresión en esa nación, ratificó la paranoia que ha alimentado los abusos del chavismo y abrió la puerta para violencia ilimitada contra la oposición. Caracas acaba de recibir un baldado de gasolina proveniente de Washington.

Trump asume la política internacional como un apostador de casino. Apuesta doble para recuperar lo perdido y hace matoneo verbal para asustar a sus contrapartes. Puede que eso funcione en algunos juegos, incluso en los negocios, pero el gran problema de esta estrategia es que, en el largo plazo, la única verdad en el casino es que la casa siempre gana y el apostador, al final, pierde.

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