Por: Juan David Ochoa

El informe fatal

Después del silencio cómplice del mundo ante el escándalo de la continua, antigua y sistemática violación a los derechos humanos por parte de la curia y sus pedófilos divinos, la ONU ha detenido la historia de la burla y ha presionado al vaticano pidiéndole un informe total en el que se detalle el número de abusos, los nombres de los implicados y sus protectores, el interés, la acción y los recursos que ha intentado desplegar ante las víctimas, y más aún frente a los prófugos, que no lo son en la práctica, y que tampoco parecen serlo hasta hoy en teoría.

Tendrán hasta enero de 2014 para revelar públicamente el hedor de las cifras (demasiado trabajo para poco tiempo), y cuando salgan a la luz las verdades del terror se iniciará el debate sobre la posibilidad de judicializar, desde las leyes eficaces, la perversión de la mayor de las empresas oscuras de la historia.

Pero el escepticismo puede anticiparse a los sucesos del próximo año. Como siempre ha sucedido en cuestiones diplomáticas y episcopales, se intentará maquillar, o eludir en el peor de los casos, el estado de los expedientes que les significarán la deshora absoluta y la incriminación irrebatible. Por más que insistan en el extremismo altruista de Bergoglio, que no ha hecho más que conjugar el carisma con el simbolismo frívolo y sin práctica, su posición y su poder en la estructura interna de la burocracia se verá diezmado, porque hasta el mismo poderoso camarlengo Tarcisio Bertone, quien suele aparecer a su espalda o a su lado, estático y leal, ( o al acecho) fue el protector durante largos años del pedófilo impune Lawrence Murphy. La alta jerarquía caería en la incursión judicial; El cardenal y ex secretario del estado Vaticano bajo el mandato de Wojtyla, Ángelo Sodano. El prefecto de la congregación para los institutos de vida consagrada Franc Sode. Nuestro alto ejemplar, el cardenal nimbado Darío Castrillón. Todos inscritos en la insania del encubrimiento, defensores militantes de la gran leyenda de la pedofilia Marcial Maciel, el padre de los legionarios de cristo implicado en el abuso de 8 integrantes de sus súbditos, eximido de todo veredicto judicial. Caería, entonces, la estructura entera. Pero además estarían violando el juramento ante el decreto criminal de juan XXIII (crimen solicitationis), la ley que obliga a los prelados a guardar silencio eterno ante cualquier escándalo o indicio denigrante de la institución. Y así, entre otras cosas, no sería lógico ni propio de su astucia que entregaran el informe veraz, que en lo práctico sería su suicidio, justo en el tiempo en que Occidente parece deslumbrarse con el circo papal y su supuesta afinidad con la miseria.

Es admirable la intención de la ONU en reafirmar su defensa de la humanidad, pero parece ignorar que trata con la gran gestora de entelequias, con la perfecta ilusionista que por dos mil sangrientos años convenció a sus catecúmenos de su incondicional amor y su pureza.

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