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Ignacio Zuleta 19 Nov 2012 - 11:00 pm

El ladito bueno

Ignacio Zuleta

Como ejercicio de higiene mental y de amor patrio me impuse la tarea de fijarme sólo en lo bueno que veo en los colombianos. Es un reto difícil y me curo en salud con la advertencia: “de todo lo que se predique de los colombianos, lo opuesto también es verdad”, para que no se diga que estoy reblandecido.

Por: Ignacio Zuleta

Aunque confieso que cuando veo a un compatriota realizando un acto bondadoso, de esos sorprendentes y gratuitos, se me aprieta el gaznate y lagrimeo. ¡Sensiblero!

Una vez recibí a dos huéspedes en casa: una francesa cuarentona nómada, con el aroma del mundo en las axilas, y un australiano mochilero y místico que venía despistado buscando ceremonias de peyote. Los saqué de paseo, como es obvio, y cuando ya volvíamos después de un Carnaval de Barranquilla la francesa me dio una buena clave: “Ustedes están vivos”, dijo con añoranza, y añadió: “No sabes lo marchita que está Europa”. El australiano, por su parte, al salir de una misa en las bóvedas de sal, y tras haberle sumado a la experiencia una decena de iglesias coloniales, exclamó: “¡Yo nunca he visto un pueblo con tanta devoción!”.

Ya logramos vislumbrar tres cualidades: somos en general anfitriones generosos, con los matices regionales propios: unas veces formales y otras desparpajados. En eso de estar vivos, por lo menos hacemos alboroto; el baile es el deporte nacional en las ciudades y no entendemos la vida sin bullicio. Quizás el australiano exageraba, pero la devoción del colombiano existe. Cada cual con su credo y a su modo busca certidumbres religiosas con emoción sincera que hace cerrar los ojos y recoge el espíritu, y eso es una virtud no despreciable.

También tenemos un ladito bueno cuando se trata de rebuscarse la vida y trabajar. Un colombiano medio no se empereza fácilmente y algo se inventa, ya sea en la NASA o en el taller del barrio. La educación de los hijos es una prioridad casi obsesiva y la cabeza de la familia no descansa hasta no ver a sus niños preparados.

Y a punta de sentido del humor gregario hemos logrado clasificar en las encuestas que afirman medir la dicha en este mundo. Un colombiano, especialmente de la especie bogotensus, pone cara de arisco si va solo. Pero si uno se fija, donde hay dos colombianos hay sonrisa cómplice; si hay tres hay parche y cuatro son gallada. La cercanía se mide por la capacidad de chanza. El “yo me chanceo con fulanito” es signo de confianza. La mamadera de gallo y las puyas ingeniosas son maneras usuales de propiciar comunicación y cercanía.

Y para completar, la sexta cualidad, opacada por la mala fama, los hombres colombianos son papás excelentes. Si no hay divorcio ni alcohol en el camino, un compatriota se desvive por sus hijos y la nueva generación de varones con familia es cada vez más acomedida y cuidadosa. Basta verlos cambiando unos pañales sin asco y con cariño para confiar en que como país estamos listos para empezar a limpiar las embarradas que hemos hecho.

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andreatinelli

Mar, 11/20/2012 - 14:26
la devoción no es una virtud!! la devoción es la ceguera que genera la fe en el país del sagrado corazón... somos buenos anfitriones?? mas bien somos lambones y arrastrados con los extranjeros... el rebusque no tiene nada de bueno, es una consecuencia de las pésimas políticas laborales de este país!! por otro lado, donde hay un colombiano hay potencial, donde hay dos o mas ya se genera delincuencia, narcotrafico y demas, solo hay que ver TODOS los paises donde llegan colombianos.. y la cereza del pastel: clasificar como uno de los mas felices del mundo es vergonzoso!! solo demuestra que en este país comemos mierda y estamos felices porque juramos que es pollo!!! que perdida de tiempo esta columna!!!
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gedanke99

Mar, 11/20/2012 - 13:37
Me parece optimista la opinión del columnista, en realidad tampoco somos tan malos, algo bueno hemos de tener que medio aun funcionamos. Lástima que últimamente se han hecho notar más los defectos que las virtudes.
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jorgitoeldeleo

Mar, 11/20/2012 - 11:28
No pues, estamos en presencia de la raza feliz y buena. Que ridiculez. Si esta gente fuera tan buena, de dónde salen las matanzas, las estafas, el narcotráfico, las bacrim y esos dulces angelitos que son los paracos, para no hablar de guerrilleros y delincuentes comunes de todos los pelambres. Si hay un pueblo atarván sobre la tierra es el colombiano, si no que lo diga el máximo exponente de su gente: el inefable delincuente Álvaro Uribe Vélez, émulo de otro prohombre: Pablo Escobar.
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leinadsajor

Mar, 11/20/2012 - 10:01
Esa "virtud" del colombiano por la devoción, claro que es despreciable.
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Ewar Gordillo

Mar, 11/20/2012 - 09:28
Por andar mamando gallo nos quitaron parte de nuestro mar territorial y nos aguantamos que las transnacionales de la mineria se asienten a explotarnos y se llevan la riqueza.
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dalilo

Mar, 11/20/2012 - 06:23
Si es cierto lo que dice sobre las cualidades de nosostros los Colombianos, las cosas malas nos vienen de las familias NOBLES y sus compinches.
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Alfredo O

Mar, 11/20/2012 - 00:40
Nuestro lado bueno, como personas y colombianos, lastimosamente se opaca, en mucho, con el lado oscuro que, de la mano de la corrupción estatal, parecen dirigir y dominar en la sociedad. No se salva ni la sal. Es el caso de los plagios docentes, en publicaciones universitarias, con personas que han recibido el beneficio de la educación superior. "Docentes" que por mediocridad y ambición, mediante tráfico de influencias y nepotismo, terminan por comportase como auténticas mafias, y publican libros estafas, con los que defraudan la ciencia y engañan, sin escrúpulos, a sus alumnos. ¿Qué se puede esperar de esos directivos y "docentes" universitarios? En el portal www.plagiosos.org conozca, en detalle, los casos de plagio en libros de la Universidad Nacional de Colombia, Sede Palmira.
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