Por: Arlene B. Tickner

El lado oscuro del “excepcionalismo americano”

El tiroteo en San Bernardino que dejó a 14 personas muertas y otras 21 heridas, cometido por una pareja paquistaní y musulmana que en palabras de Barack Obama, cogió el “camino oscuro de la radicalización”, ha suscitado reacciones que oscilan entre el llamado demócrata a endurecer las leyes de control de armas y la exigencia republicana de que el presidente tome medidas más fuertes en contra del islamismo extremista.

En su versión más delirante, planteada por Donald Trump, éstas incluirían la prohibición total del ingreso al país de los musulmanes extranjeros, incluyendo los refugiados sirios.

Aunque Obama se resistió a clasificar el asesinato masivo como un ataque terrorista –sobre todo por la carga política de dicho término a tan sólo un mes de lo ocurrido en París– en sus palabras televisadas lo describió como “un acto de terrorismo” sin vínculo aparente con organizaciones como el Estado Islámico. Más allá de ofrecer un parte de tranquilidad a la población estadounidense, lo interesante de este discurso –tan sólo el tercero hecho desde la Oficina Oval– fue la forma en que el mandatario se refirió a tres lados oscuros del “excepcionalismo americano”: violencia armamentista, política antiterrorista e islamofobia.

A raíz de incidentes como el de San Bernardino, que es tan sólo el último de al menos 50 asesinatos masivos en 2015, Obama ha propuesto (sin éxito) reforzar el control de armas y advertido que Estados Unidos es la única nación avanzada del mundo en donde esta modalidad de violencia se presenta con tanta frecuencia. Lo confirma un estudio reciente realizado por el criminólogo Adam Lankford, sobre los tiroteos ocurridos en 171 países entre 1966 y 2012, en donde hay 5 veces más episodios estadounidenses que el promedio.

En cuanto a la lucha antiterrorista, y pese a que más de la mitad de la población favorece el envío de tropas a combatir al Estado Islámico en Irak y Siria, Obama enfatizó en su discurso que Estados Unidos no debería volver a involucrarse en una guerra terrestre contraproducente ni volver a permitir que la lucha antiterrorista se defina como un conflicto entre Estados Unidos y el Islam, y que debería trabajar con los actores de la zona en lugar de marginalizarlos. Al tiempo que recordó que la mayoría de las víctimas del terrorismo islámico son musulmanas, el mandatario también advirtió que es la responsabilidad moral de todo estadounidense rechazar la discriminación por razones de religión o raza.

El “excepcionalismo americano” ha sido el centro innegable de la identidad nacional de Estados Unidos. Este credo destaca la existencia de valores (libertad, ética del trabajo, individualismo, moralismo, tolerancia a la diversidad, entre otros) e instituciones que se suponen merecedores de admiración universal y que otorgan a la “ciudad iluminada sobre la colina” deberes y derechos para con el resto del mundo. Más allá de las falacias del mito, no sin razón Obama concluyó que “mientras debatamos […] los pasos que [debemos] tomar para mantener seguro a nuestro país, asegurémonos de no olvidar nunca aquello que nos hace excepcional”.

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