Por: Columnista invitado

El legado de Paco Barrero

Por: Alberto López de Mesa*

El 4 de mayo murió el maestro y teatrista Paco Barrero, cofundador del teatro La Mama, gestor de las artes escénicas oriundas, director del teatro clásico, maestro de actores y de expresiones dramáticas. En este país, que presta la memoria más a lo belicoso que a lo cultural, esta muerte puede pasar inadvertida para las nuevas generaciones. Yo, que le compito al olvido, quiero honrar su legado en esta columna con lo que le escuché a dos de sus discípulos en su velorio.

El músico Jorge Sosa, en tono de lamento, dijo: “ Paco fue un maestro en la más profunda acepción de esa palabra. Nunca señaló el camino como lo hacen los sacerdotes. Él sugirió trayectos, barruntos, búsquedas. Con sus obras de tatro multitudinario, con su programa en la radio, demostró su mirada de artista abierto y comprometido con la cultura popular colombiana. Hoy asevero que “Nueva Cultura”, el gran proyecto cultural y artístico que encarnan el Grupo de canciones populares, la Escuela musical y la Fundación, no sería lo que ha logrado ser sin la impronta del maestro que nos enseñó a construir utopías y a soñar en un país posible". 

A su lado estaba el gestor cultural Enrique Sanabria, que igual de emotivo rememoró: “En la obra “El Enganche” éramos 80 jóvenes que, dirigidos por Paco, trasmitíamos las vicisitudes del campesinado condenado a la marginalidad. 40 años después sigo pensando que 'la fuerza de mis manos se forjó en la plantación y que mi pueblo canta sus luchas contra toda explotación', como dice la canción que nos inspiró el maestro de obstinada rebeldía".

En la despedida del féretro, Jorge y Enrique coincidieron en expresar que: “No hay persona que haya estado cerca de Paco Barrero que su instrucción y su ejemplo no le haya cambiado la vida”.

Salí de la funeraria pensando que, pese a las negligencias del Ministerio y de los institutos de cultura en la divulgación y preservación de obras que deberían ser patrimonio, el espíritu de un artista verdadero se siembra como legado en los eriales del olvido y, tarde o temprano, no obstante la aridez que causa la apatía,  germinará como historia o quizás como leyenda, y en la expresión de algún juglar, de algún histrión, resonarán las formas que creó en la escena, los consejos, las nociones, del epónimo teatrero José Francisco Rámirez Barrero.

*Alberto López de Mesa, arquitecto y habitante de calle

Buscar columnista