Por: Aldo Cívico

El legado de Sergio Urrego

JUSTO CUANDO EL PROCURADOR ORdóñez pretende prohibir abrazos y besos en los colegios, la Corte Constitucional con un fallo histórico protegió los derechos de Sergio Urrego, el estudiante que por su pensamiento político y orientación sexual fue víctima del matoneo escolar por parte del colegio al que asistía.

El procurador y la Corte Constitucional proponen dos modelos de educación y convivencia contrapuestos. El primero, hace énfasis sobre la represión de los afectos y del cuerpo, mientras el segundo se enfoca en el desarrollo de las libertades. El primero utiliza la disciplina y el castigo como instrumentos de control y de poder, el segundo promueve el desarrollo de la responsabilidad. El primero produce súbditos, el segundo ciudadanos.

Fue precisamente al modelo de sociedad concebido por el procurador Ordóñez que Sergio Urrego, de solo 16 años, se negó a obedecer y del cual fue víctima, y que probablemente lo indujo a elegir al suicidio como forma extrema de protesta y como escape de un modelo de sociedad con la cual no se identificaba.

De hecho, a cualquier persona dotada de sentido común le daría escalofríos el pensar que un beso que Sergio y su compañero intercambiaron fuera considerado, por los directivos del Gimnasio Castillo Campestre, una manifestación de amor obscena, grotesca y vulgar, como recita el manual de convivencia del colegio. Al pensamiento político de un menor y a la libre manifestación de su identidad sexual, los llamados adultos del colegio solo supieron contestar aplicando una cobarde violencia sicológica: ¡Miserables!

Más allá de los directivos del Gimnasio Castillo Campestre, la sentencia de la Corte Constitucional evidencia también la cobarde indiferencia e ineptitud de la institucionalidad: desde la Fiscalía General de la Nación hasta la Secretaría de Educación de Cundinamarca, pasando por la Comisaría Décima de Familia de Engativá. Sergio fue víctima también de la torpeza institucional. Si tuvieran sentido de la responsabilidad, después de este fallo, los dirigentes de estas instituciones públicas renunciarían ya mismo a sus cargos: ¡Pusilánimes!

Lo anterior es con respeto a los hechos que antecedieron el suicidio de Sergio Urrego. Pero con el fallo de la Corte Constitucional, de hoy en adelante, todos somos responsables de prevenir, y cuando sea necesario denunciar, casos de discriminación y de matoneo. Todos vamos a ser culpables cuando nos quedemos indiferentes y callados frente a las multiformes discriminaciones que hay en la sociedad colombiana. Porque todos somos responsables de nuestro presente y de nuestro futuro.

Una sociedad que quiera ser moderna y civilizada, no puede permitir que la historia de Sergio Urrego se repita. Si, siendo seres humanos somos también seres morales, la violencia sufrida por Sergio no puede ser ni tolerada, ni justificada. Por eso, también, Sergio vivió y murió: porque el ejemplo de Sergio ya no nos permite quedarnos en la ignorancia. Incluyendo al procurador.

 

@acivico

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