Por: Alberto Donadio

El libro del año

En 2012 fue muy sencillo escoger el libro del año por unanimidad espontánea de los lectores.

Memoria por correspondencia, las cartas de la pintora Emma Reyes sobre los horrores de su encierro como niña abandonada en un convento de monjas, publicadas por Laguna Libros, es, como dijo Jorge Orlando Melo, una obra maestra.

Así la siguen consagrando quienes se acercan al libro. Daniel Samper Pizano señaló que al lado del libro de Emma Reyes, Dickens parecía Walt Disney. Este año es también elemental seleccionar como libro del año el relato de Alexandra Samper sobre el secuestro de Guillermo Cortés. Sólo que es un libro que acaba de aparecer entre las tapas del número de julio de la revista El Malpensante, dedicado íntegramente a esta historia.

No se puede leer por internet, hay que comprar el número 143 de la revista en librerías. Pero el esfuerzo de apartarse del computador para leer en papel vale la pena.

La Chiva Cortés fue secuestrado en enero de 2000 cuando tenía 74 años, en la finca que, en compañía de sus amigos santafereños Daniel Samper Pizano y Pacheco, tenía en Choachí (Cundinamarca), y rescatado por el Ejército en agosto de ese año, después de extenuantes caminatas por páramos y desfiladeros, incontables cambios de campamentos y todas las humillaciones imaginables.

Hay que agradecerle a Alexandra Samper que haya tenido la previsión de grabar a La Chiva después de la liberación y de organizar la transcripción y presentarla hoy como un testimonio estremecedor. Guillermo Cortés fue un empresario del fútbol y de la televisión, proverbial y justificadamente cascarrabias, directo al hablar, de justo criterio, enemigo de la palabrería vacua.

Por eso las infamias que vivió se leen como doblemente descarnadas, porque son crueles en sí mismas y porque las cuenta un hombre de negocios que no se va por las ramas. Lo que publica Alexandra Samper es un catálogo de sevicias. La Chiva Cortés no quiso que se divulgara en vida.

Por eso aparece ahora a poco de su muerte, acaecida en abril. La Chiva invocó un antecedente papal para guardar silencio. Los castrati que cantaban en los coros no podían renunciar sin permiso del papa. Uno que quiso casarse y tener hijos porque la castración no fue exitosa, solicitó la dispensa al papa. Éste la negó con una nota al margen de la petición: “Que lo capen bien”.

La Chiva conoció de cerca a sus verdugos y no quería correr el riesgo de otro secuestro por venganza. El relato de Alexandra Samper merece pasar pronto a libro.

Buscar columnista

Últimas Columnas de Alberto Donadio