Por: Álvaro Forero Tascón

El liderazgo de Santos

SON MUCHAS LAS TESIS SOBRE LA crisis de opinión pública por la que atraviesa el gobierno Santos. Unos dicen que es un problema de comunicaciones; otros, de seguridad; otros, de distancia con el pueblo. Creo que es un problema de liderazgo.

Hay una crisis de liderazgo en todo el mundo. Con contadas excepciones, no hay grandes líderes. Los pocos mandatarios populares son los populistas/caudillistas, estilo Chávez o Putin. Una posible explicación es que el aumento de ingresos y de información ha generado una ciudadanía menos tolerante con los problemas, mientras los gobernantes son más dependientes de dinámicas colectivas y mundiales que no controlan completamente, y por ende son menos capaces de producir cambios drásticos.

Sin embargo, una encuesta entre más de cien académicos británicos definió que la característica más importante para el éxito de un gobernante no es el buen juicio, ni el manejo de crisis, ni la decisión, ni la suerte, ni la coalición, ni el equipo, ni el entendimiento de los problemas, ni la integridad, ni la fortaleza de las convicciones, ni la experiencia, ni el carisma. Son las capacidades de liderazgo.

Liderar implica visión (diagnóstico, hacia dónde ir, cómo llegar allá), ejemplo (inspirar encarnando los valores de la visión), resultados. Santos tiene problemas en los tres aspectos. De visión, porque no la ha formulado con claridad, en parte porque decidió no contradecir abiertamente la de Uribe, que está muy arraigada en el alma popular, y en parte porque la de Santos es compleja y demasiado ambiciosa. Tiene problemas en el ejemplo, porque su historia y personalidad política no encarnan bien los valores de su visión (paz e igualdad), lo que hace que los ciudadanos escuchen y crean poco lo que dice. Y de resultados, porque se ha enfocado en reformas y políticas de fondo, lentas de concretar, y no en el día a día que toca la vida de los ciudadanos.

Pero Marty Linsky, un académico de Harvard experto en liderazgo, sostiene una tesis que comparto plenamente: que hacer campaña, gobernar y ejercer liderazgo en posiciones públicas, son juegos muy diferentes, con reglas y objetivos distintos. Hacer campaña consiste en energizar personas que comparten visiones y valores, con el objetivo de ganar. Gobernar se refiere a cumplir con las expectativas de la gente en administrar, mantener la seguridad y resolver problemas perturbadores (ej. paros agrarios).

Y ejercer liderazgo como presidente es ayudar al país a enfrentar los temas, elecciones, riesgos, compensaciones y pérdidas que los ciudadanos preferirían no abordar. Es tomar riesgos políticos con base en principios, retando expectativas, cruzando fronteras, generando aprendizajes públicos incómodos sobre realidades difíciles, y haciendo acuerdos que impliquen concesiones costosas. Liderazgo, dice Linsky con brillantez, es decirle a la gente lo que necesita oír, no lo que quiere oír.

Si Santos hubiera mantenido la guerra eterna y los consejos comunitarios, los dos símbolos de Álvaro Uribe que la historia juzgará más duramente, no se habrían producido dos hechos positivos, que aunque la historia aplaudirá del gobierno Santos, le costaron, por ahora, el apoyo popular: la búsqueda de la paz y el retorno de la protesta social.

 

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