Por: Hernando Roa Suárez

El maestro universitario y la ciencia, políticas significantes

Complementando las reflexiones planteadas en mi columna anterior, me he dado a la tarea de reescribir, parcialmente, el texto que elaboré cuando –hace unos años- ingresé a la Sociedad Colombiana de Epistemología.

 “Trabajemos para diagnosticar y transformar. ¡Trabajemos para relacionar y unir!” Edgar Morin.

Conocemos que la muerte de la ciencia es la ciencidiología o epistetanatología. Pues bien, si analizamos históricamente el proceso científico-tecnológico de nuestra Nación, encontramos grandes y profundas deficiencias que han ampliado, cada día más, la brecha tecnológica existente entre los países avanzados y nosotros, y que indicarían la necesidad de impulsar la formulación, implementación y evaluación de las políticas públicas sobre la materia.

Parece olvidarse con frecuencia, lo sostenido con precisión por Rafael Rivas Posada, en el sentido que “los avances en el campo científico y tecnológico, serán los que en definitiva fijarán el puesto que ocuparán en el futuro inmediato las distintas sociedades que integran la comunidad internacional”(*).
El conocimiento disponible sobre las capacidades colombianas para participar en el proceso científico-tecnológico nos indican que han existido y existen personalidades y vocaciones que se han destacado en distintas latitudes y campos del saber, sin que, en la mayoría de los casos, sus conocimientos y aportes se hubieran podido utilizar óptimamente al servicio de la mayoría de nuestra población.

Políticas significantes. Ahora, ¿cómo pueden contribuir los maestros universitarios a impedir la muerte de la ciencia? Intentemos dieciséis propuestas –que deben ser viables– si hay conocimiento de la realidad y voluntad política para implantarlas. Enunciémoslas: i- Impedir que desde la niñez hasta los posgrados y la educación permanente, en que debe consistir nuestra existencia, se desperdicie nuestro talento con la cotidianidad que seguimos observando. ii- Buscar y producir, para la mayoría de la población, un estado de desarrollo biológico, que le permita el devenir normal de su cerebro y sus facultades mentales. iii- Impulsar el respeto y la admiración por los intelectuales críticos y creativos. iv- Generar las condiciones para que la mayoría de la población esté en posibilidades de realizar su existencia: trabajando, pensando, recreando y siendo...

v- Fortalecer la organización del sistema científico-técnico colombiano, de tal manera que se defina una remuneración estimulante para los investigadores. vi- Ampliar las condiciones que impulsen la realización práctica de las libertades públicas y, particularmente, crear situaciones favorables para fortalecer las de investigación, información, crítica y enseñanza. vii- Impulsar un ambiente que permita la abierta difusión y debate de las ideas. viii- Fomentar una atmósfera ideológica que favorezca, desde la niñez, el surgimiento de científicos en todas las disciplinas.

ix- Arbitrar los recursos encaminados a realizar la investigación básica y aplicada(**). x- Dotar a los investigadores de las condiciones materiales y ambientales que les permitan realizar su vocación con creatividad. xi- Premiar y estimular la originalidad e innovación. xii- Expandir la conciencia de que la administración y su aparato respectivo, deben estar al servicio de quienes dirigen, coordinan, asesoran y ejecutan actividades científico-técnicas.

xiii- Promover el establecimiento de laboratorios, centros de cómputo y de documentación, dotados de la infraestructura necesaria, para la realización de las respectivas investigaciones y experimentos. xiv-Apoyar las publicaciones especializadas de las organizaciones y asociaciones universitarias, profesionales y científicas. xv-Difundir, a través de los medios de comunicación (prensa, radio, cine, televisión, Internet y redes sociales), los resultados y procesos científicos orientados a la solución de los problemas colombianos prioritarios; y xvi-Fomentar una política de paz universal y nacional, entendida como ausencia de violencia abierta, estructural y cultural.

Tomar las decisiones políticas que permitan plasmar un nuevo ambiente propicio a las medidas sugeridas, es contribuir al surgimiento ampliado de las vocaciones científicas. Quienes tenemos responsabilidades académicas, políticas, administrativas, científicas y tecnológicas, estamos invitados a promover los avances que en estas instancias se produzcan en cualquier latitud y debemos difundir el espíritu y la conciencia científica, especialmente en la juventud sedienta de saber, de consagración y de apertura al cuestionamiento permanente de lo inacabado.
Estamos invitados a impulsar estas ideas y a ponerlas a prueba frente a una juventud que ama, que siente, que anhela... que está en búsqueda de una racionalidad vibrante y profunda; con capacidad de observar, describir, interpretar, explicar, predecir y transformar la realidad y las condiciones de vida que nos entornan. Cuán grato seguir trabajando con actitud científica y la seguridad de los aprendices del conocimiento universal que, con conciencia universitaria y visión actualizada, buscamos develar la realidad y transformarla con conciencia solidaria. Sí, estoy de acuerdo con Morin cuando sostiene: “Los incesantes progresos tecnocientíficos hacen entrever unas posibilidades inauditas de transformación en la naturaleza biológica del ser humano, así como en la de los mundos animal y vegetal, en la propia naturaleza de las técnicas y del conocimiento; estas transformaciones afectarían a la naturaleza misma del individuo, la sociedad y la especie”.(***)

roasuarez@yahoo.com

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* Véase del autor: Colombia: Ciencia, investigación, universidad y pedagogía. Ducal. Bogotá. 2ª ed. 1984. Prólogo. pp. III-V.
** El artículo del Rector de la Universidad Nacional, Moisés Wasserman: “Las regalías y el genio de la lámpara”, El Tiempo, septiembre 1 de 2013, consigna reflexiones serias sobre el actual problema del manejo de las regalías y el Sistema de Ciencia y Tecnología.
*** La Vía para el futuro de la humanidad. Paidós. Barcelona. 2ª ed. 2011. pp. 43-137; 282-291.

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