Por: Cartas de los lectores

El magistrado

Hago parte del enorme grupo de quienes hemos seguido con cuidado el proceso de selección, elección y posesión del nuevo magistrado a la Corte Constitucional, quienes en su gran mayoría —exceptuando a los que lo postularon, lo eligieron y algunos de sus amigos—, nos sentimos terriblemente indignados y muy preocupados por el futuro de nuestra Corte Constitucional y en consecuencia lo que ésta irriga hacia abajo en el sistema de justicia de la nación.

Los extractos de la carta que en su defensa envió el magistrado Rojas Ríos pasan de ser débiles a tendenciosos. Como así que: “realicé el pago de tributos correspondientes a los que legalmente no estaba obligado”, sic. (¿Correspondían o no correspondían?) Tiene suerte Rojas Ríos de vivir en Colombia y no en un país en el que la evasión se castigue con cárcel, como corresponde, pues en lugar de estar entrando a la más alta corte de justicia, estaría entrando por la puerta ancha a la cárcel. Registra en su declaración de renta ingresos netos totales de 146 millones y se le pasaron 500.

Nos dice el abogado que cuando él dice que Zulema Jattin “está totalmente desaparecida de mi vida” debemos leer que: “no estuvo en mi campaña para magistrado”. ¿Nos cree bobos? Que no nos insulte la inteligencia. Y claro que creemos y defendemos la presunción de inocencia de la excongresista, cosa que para el caso no importaría, pues igual podría estar condenada y tampoco esa condición inhabilitaría a un magistrado para posesionarse  en caso de que se siente a almorzar con ella. Recordemos un ministro de Defensa del gobierno anterior que hacía visitas conyugales a la cárcel de mujeres en Medellín. Otra cosa es cuando las culpas de las que se acusa a su amiga tienen que ver con delitos contra la administración pública, peculado, celebración indebida de contratos y parapolítica y el almuerzo es para celebrar el nombramiento de un magistrado en la más alta corte de justicia.

Lamento decirle, porque es claro que no lo sabe, que éstas sí son razones para “cuestionar moralmente” no a un ciudadano del común, pero sí a un posible magistrado a la más alta corte de justicia. Pretender que el comportamiento moral se traduzca en normas es conducta recurrente de los corruptos. Y, para que se pueda hacer justicia en estos casos, en algunos países, y creo que Inglaterra es uno de ellos, existen instancias como el jurado de conciencia.  En cuanto a las denuncias de la señora Isabel Marín y la forma atropellada como se llegó a la prescripción —que no a la absolución—, lo único que puedo señalar es la manera abiertamente irrespetuosa, machista y discriminatoria como ha tratado a esta dama diciendo, por ejemplo, que la visten de negro y la hacen seguir un libreto conmovedor para “servir a mis detractores en la campaña de descrédito”.

También lamento del proceso de nombramiento de ese magistrado que no le hayan exigido el examen del ICFES para posesionarse, como sin duda él lo exigirá a sus secretarias y mensajeros, pues es claro que el de español y gramática lo reprobó.

Por último, hay un detalle, señor director, en la mayoría de los artículos (que no en el editorial), que para cuestionar esta elección se han publicado en El Espectador y es que con incomprensible frecuencia, digo incomprensible porque es un dato que nada aporta a los juiciosos análisis que ustedes han realizado, se menciona la ciudad de origen del designado magistrado, la gran Pereira. En el artículo del lunes, en el titular se refiere al “abogado pereirano” y al interior del texto tres veces; lo mismo en el que apareció el viernes último, tres veces en el artículo y también en el titular. Cuando se trata de una investigación de denuncia, es claro que esta mención se convierte en discriminatoria, lo que definitivamente no es justo con esa bella tierra que tanta gloria ha dado a la patria, en la política, en la ciencia, en las artes, en el deporte y también en la justicia. Suficiente ha tenido Pereira con la tal vez bien ganada reputación de cuna del narcotráfico y la prostitución como para que ahora se le identifique con altos funcionarios corruptos.

Enrique Uribe Botero.  Bogotá

Envíe sus cartas a lector@elespectador.com

Buscar columnista

Últimas Columnas de Cartas de los lectores