Por: Iván Mejía Álvarez

El mago Arango

El pueblo azul celebra su estrella 14 y agradece a quienes se lo merecen, a quienes protagonizaron en la cancha y en el escritorio la 'refundación' de Millonarios. Felicitaciones para todos.

Empero, este periodista quiere dedicarle esta columna al gran gestor de esta estrella y al hombre que cambió el rumbo de la historia: José Roberto Arango, el mago, el dirigente e industrial antioqueño que un día se metió en la osada aventura de rescatar a Millonarios de las tenebrosas y voraces manos de quienes habían convertido el equipo en su caja menor y lo habían conducido a la peor crisis de su historia, con pasivos por $35 mil millones, con luchas intestinas por quedarse con el lote de la autopista, con una desmesurada ansia de poder y una megalomanía llevadas al extremo.

En la carrera empresarial de Arango lo avalaban dos gigantescos rescates, Coltejer y Paz del Río, pero José Roberto dice hoy que este, el de Millonarios, ha sido el más difícil de todos porque nunca encontró colaboración de los “dueños”, sumidos en la lucha por quedarse hasta con el ultimo trocito de madera de la carcaza del barco que los roedores se peleaban a dentelladas. A ellos no les importaba que Millonarios fuese inviable, que le debiese a todo el mundo, que perdiera todos los pleitos, que el equipo oliera a gladiolo de lo muerto económica y jurídicamente que estaba.

Con tenacidad, con formulas jurídicas, con osadía, arriesgándose al límite, Arango logró separar lo bueno de lo malo, fundar azul y blanco, confinar al destierro a esos dirigentes que durante años arrasaron con el equipo y montar una estructura administrativa, comercial y de mercadeo que hoy tiene su primer logro, pero que por lo bien diseñada promete muchos éxitos en el futuro.

No se puede ni se debe ser injusto hoy, cuando tantos se suben al bus de la victoria, incluidos los que patrocinaban y respaldaban a esos dirigentes que arrasaron con la institución. Esta estrella 14 se debe al mago Arango. Sin él, quién sabe dónde estaría enterrado ese muerto que era Millos en las nefastas épocas de...

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