Por: Mauricio Botero Caicedo

El Ministerio de la Verdad

Apreciado Andrés París: Me comunico por este medio con usted para intentar, respetuosamente, informarle que medios, columnistas y periodistas, siguen ‘desinformando’ a la opinión pública.

Apreciado Andrés París:

Me comunico por este medio con usted para intentar, respetuosamente, informarle que medios, columnistas y periodistas, siguen ‘desinformando’ a la opinión pública. Es oportuno, amigo Andrés, insistir en la tarea de inculcar las cinco ‘verdades’ que la cartilla del distinguido grupo que usted representa contiene: Que ustedes no han secuestrado a nadie; que no queda ningún civil cautivo en poder de las Farc; que nunca han tenido que ver con el narcotráfico; que nunca han reclutado menores; y que, contrario a lo que se dice, ustedes han sido las víctimas y no los victimarios incrustados en el Estado.

En cuanto al apoyo en la opinión que merezca la cartilla de las Farc no le tengo buenas noticias. Por razones que desconozco, los medios y los periodistas, aún entendiendo que usted personalmente está recopilando una lista, insisten pérfida e insidiosamente en ‘desinformar’. Recientemente un columnista de El Tiempo señalaba: “Resulta indignante que el vocero de un grupo que ha asesinado a decenas de miles de campesinos, reclutado a miles de menores para la guerra, despojado de su tierra a miles de campesinos, masacrado a los más pobres en Bojayá, mantenido en atroces campos de concentración a miles de secuestrados, narcotraficado de la mano del Loco Barrera y de los terroríficos carteles mexicanos, saqueado las finanzas de cientos de municipios necesitados y talado decenas de miles de hectáreas de bosques milenarios para sembrar coca, tenga la cachaza de dictarle cátedra al país sobre lo que está bien y lo que está mal”.

Un sinnúmero de instituciones nacionales y extranjeras, y de gobiernos, siguen difundiendo el mito de que ustedes controlan el 60% del narcotráfico y que nunca han vacilado en tener alianzas con narcotraficantes, indistintamente de que sean colombianos, mexicanos, o venezolanos. Muchos argumentan que a las arcas de las Farc ingresan entre 5.000 y 10.000 millones de dólares anuales producto del tráfico de estupefacientes. Burdo montaje, amigo Andrés, ya que tanto usted como yo sabemos que los valientes ‘negociadores de la paz’ como usted y sus compañeros, que desde hace muchos años disfrutan de la hospitalidad de Chávez y Rangel en Venezuela, no manejan la droga y, como máximo, se limitan a temas de gramaje, logística y transbordo.

Lo del reclutamiento de menores es una grotesca mentira más, indistintamente que haya millares de campesinos (obviamente tan porfiados como analfabetas) que insisten en que ustedes bajo amenazas les sonsacan a sus hijos como contribución al conflicto. Finalmente el inocultable hecho de que lejos de ser ustedes los victimarios, han sido las víctimas, no parece haber calado muy hondo en la opinión pública. Centenares de miles de familiares de colombianos asesinados, heridos, víctimas de atentados indiscriminados como la bomba en El Nogal, lisiados por culpa de las minas quiebrapatas y destrozados por la droga, no parecen entender (y mucho menos aceptar) que ellos son los victimarios y ustedes las víctimas.

Pero bien, admirado Andrés, creo tener a mano una solución definitiva para el día que ustedes lleguen al poder: aparte de ‘ajusticiar’ a todo columnista y periodista que haya ‘desinformado’, y silenciar a la totalidad de los medios que pongan en duda las ‘verdades’ de las Farc, comedidamente sugiero como primer acto de gobierno crear el ‘Ministerio de la Verdad’ (dicho Ministerio ya fue sugerido por George Orwell en 1984). Encabezado por usted y por el visionario don José Santrich (el amigo de “Bobby”), no vacilo en afirmar que los colombianos vamos por fin a conocer la verdad y nunca más alguien va a ni siquiera insinuar que ustedes secuestran, trafican en drogas, reclutan a menores o extorsionan. La mentira será desterrada y la ‘verdad’ reinará por los siglos venideros.

Reciba un atento saludo.

 

Buscar columnista