Por: Felipe Jánica

El momento de actuar

A propósito de los cambios de los fundamentales de la economía global y su impacto en los mercados locales, la pregunta del millón sigue siendo ¿es momento no de invertir o más bien de esperar? Al respecto hay que recordar que en los últimos años hemos afrontado una mal llamada transición económica. Ejemplo de ello ha sido los fenómenos como el BREXIT, las elecciones de EE.UU., la subida estrepitosa de la inflación y las consecuentes movidas en política monetaria. Con estas movidas, más que unos años de transición, lo que estamos afrontando en la actualidad es un freno de mano – a veces injustificado – al desarrollo económico, o por lo menos a los planes de largo plazo.

Es en esto en lo que hay que tener mucho cuidado. Si bien es cierto la prudencia debe prevalecer en momentos de coyuntura económica, hay que saber diferenciar entre coyuntura y/o actualidad de corto plazo. Normalmente cuando el pesimismo se roba la atención de los tomadores de decisiones, las consecuencias son más que notables en la economía y en las finanzas. Es acá donde los buenos empresarios y/o tomadores de decisiones deberían ser más estratégicos.

Alimentar las discusiones en torno de los efectos económicos del momento es parte del juego empresarial. Cuanta más información de las variables exógenas y de buena fuente, mejores conclusiones podrán alcanzarse. Esto en palabras sencillas significa que es bueno estar bien informado del estado del arte económico; sin embargo, hay que saberse informar. Lo que no se puede permitir en las decisiones estratégicas es la superficialidad y el pánico del corto plazo.

Con esto es importante tener en cuenta que si se siguen tomando decisiones tipo piloto automático se exacerba la imposibilidad de crecimiento en el largo plazo. Tomar decisiones de inversión, de cualquier índole, es uno de los puntos de intervención más eficaces. Cuanto más se invierte y de manera estratégica, más posibilidades de mejorar los resultados existe. Si bien la toma de decisiones debe ser consecuente con la realidad actual de la economía y de los negocios, ésta no se puede seguir procrastinando con el argumento ligero de una transición.

Muchas compañías están tomando decisiones erróneas al no hacer inversiones. La pregunta es si la batería les seguirá funcionando en el largo plazo. Claramente con argumentos como el de la “transición” se están perdiendo oportunidades de crecimiento. Es por eso que muchas de las compañías Latinoamericanas, por ejemplo, están perdiendo muchas oportunidades y otras pocas están aprovechando el momento. En efecto estamos al frente del desafío del huevo y la gallina, donde no se sabe si es o no momento de hacer inversiones.

La recomendación de hacer o no inversiones depende de qué tanto se está siguiente una planeación estratégica. Normalmente cuando las compañías tienen una planeación estratégica, no sólo la honran sino que la desafían. Para desafiarla es necesario tener en cuenta los cambios de los fundamentales económicos, pero el punto de discusión acá es qué tan acertados son los fundamentales en las decisiones estratégicas de cada negocio. Así las cosas, es importante que los tomadores de decisiones se informen correctamente de los fundamentales económicos, pero lo más importante es que el pánico no se apodere de sus decisiones, pues esto podría conllevar a la demora en la toma de decisiones estratégicas.

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