Por: Mauricio Albarracín

El momento de la igualdad

La Corte Constitucional tiene en sus manos una nueva demanda que busca eliminar de una vez por todas la discriminación contra las parejas del mismo sexo en relación con la adopción conjunta.

Ayer nuevamente, los magistrados quedaron empatados y se seleccionó un nuevo conjuez para decidir. La Corte tiene la oportunidad de oro para demostrar que su tradición de defender la igualdad, la libertad y las minorías sigue más viva que nunca. En otras palabras, es el momento definitivo de la igualdad. Es hora de cumplir las promesas de igualdad y libertad que se establecieron hace casi 24 años en la Constitución de 1991. No más dilaciones, no más decisiones a medias: medio igualitarias y medio discriminatorias.

Siempre nos preguntan: ¿por qué debe permitirse la adopción de parejas del mismo sexo? No sólo debemos soportar la discriminación cotidiana y legal, sino que además tenemos la obligación de demostrar nuestra humanidad. La cuestión constitucional debe ser completamente diferente: ¿por qué debe prohibirse la adopción a parejas del mismo sexo? Cuando se hace esta pregunta, afloran los más inveterados prejuicios sobre la homosexualidad. El más evidente de todos es que los niños y niñas no crecerán en un ambiente idóneo si son criados por dos papás o dos mamás. Para sustentar esto, usan la mala fe, el prejuicio, la mentira, la manipulación de los estudios, el populismo fundamentalista y la arrogancia de los privilegiados que se dan el lujo de expulsar a los ciudadanos de la República como si lo hicieran del paraíso.

Es cierto que la adopción no es un derecho automático de todas las personas, como tampoco es un derecho automático ser senador de la República. Pero también es cierto que el Estado no puede usar un criterio discriminatorio para impedir a un grupo de personas la posibilidad de aplicar a un proceso de adopción. Siguiendo con este paralelo, la senadora Viviane Morales no tiene derecho automático a ser senadora, pero se violaría su derecho a la igualdad si se establece que quienes profesen una religión distinta a la católica no pueden siquiera postularse a las elecciones. Para mayor claridad: se discrimina cuando se priva de un derecho fundamental y también se discrimina cuando se establecen obstáculos discriminatorios en asuntos como la adopción o la participación política. La adopción es una institución para garantizar los derechos de los niños, y nuestras familias son tan capaces y dignas de proteger a los niños como las heterosexuales. Viviane Morales denigra de nosotros y declara “no idóneas” a nuestras familias usando argucias conceptuales que esconden el pago de un apoyo político a su candidatura. Afortunadamente, la senadora cristiana fue frenada por Carlos Gaviria, un verdadero maestro del derecho constitucional, quien le dijo en su cara que su referendo era impertinente.

Señoras y señores magistrados, no sigamos postergando una decisión que nos adeudan hace años. No sigan sosteniendo un régimen homofóbico que nos persiguió como delincuentes, que nos privó de la posibilidad de trabajar como profesores, militares o notarios, y que nos sigue dando un tratamiento doloroso y excluyente para nuestras familias. Dejemos de usar argumentos de cafetería como “el país no está preparado”, “existen estudios para un lado y estudios para el otro”, “este es un experimento social”, entre otros. Este es el momento de desterrar de nuestro derecho una de las formas más ignominiosas de discriminación, que más que un espejo del país actual, es el cadáver insepulto de la Constitución de 1886 que el Procurador trata de revivir con letanías y malabares jurídicos.

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