Por: Piedad Bonnett

El prostíbulo de Hollman

El lunes pasado Hollman Morris fue citado por segunda vez a dar explicaciones sobre la transmisión del concierto de Paul McCartney, la cual, según la Procuraduría, causó detrimento patrimonial a la ciudad.

No es de la única acusación de la que Morris ha tenido que defenderse: en octubre de 2012 Marco Fidel Ramírez, pastor cristiano, cabildante por el PIN, lo atacó diciendo que “Canal Capital no puede usarse para favorecer las orientaciones sexuales favoritas del alcalde”, y que su director debería “dirigir un prostíbulo”, escandalizado por la presencia que tiene en el canal la comunidad LGBTI.

Lo que la godarria rediviva, que ahora ataca por todos los flancos, le cobra a Hollman Morris, es su independencia, su pensamiento progresista, y su defensa de los derechos humanos que ya alguna vez hizo que amenazas infames lo sacaran del país. Pero resulta que él no es ningún neófito en su campo: con una larga trayectoria periodística que lo ha hecho merecedor de premios como el Simón Bolívar y el Human Rights Annual Defender otorgado por Human Rights Watch en 2007, Hollman sabe lo que hace. La decisión de transmitir el concierto de Paul McCartney no fue un capricho irresponsable sino un gesto audaz para “relanzar” el canal, dándole la posibilidad a cientos de personas que no pueden comprar boleta para un concierto de ese tipo de ver al fabuloso exbeatle desde su casa, y en las pantallas de Publik, que lo transmitió gratis en los parques de la ciudad. Y señalando, tácitamente, que es posible que esas oportunidades no sean sólo para unos cuantos privilegiados. El hecho es que en venta de pauta Canal Capital logró un retorno de $700 millones largos, y en sólo el Distrito Especial 420.000 personas pudieron ver el concierto, lo cual también puede avalarse como una ganancia.

La audacia de Hollman Morris obedece a que tiene claro cuáles son las funciones de la televisión pública. Sabe que ésta debe ofrecer una programación que interese a una ciudad plural, donde confluyen diversas etnias, clases sociales, ideologías; que recupere la memoria del país; y donde la pedagogía y la cultura sean vivas, y la reflexión fomente el respeto a la diferencia y la tolerancia. Por eso en la franja del café se da la palabra cada día a representantes de los distintos cultos; por eso se pasará una serie de dramatizados sobre la historia de nuestros años 80, privilegiando el punto de vista de las víctimas. Y por eso, mientras los canales comerciales colombianos relegan los programas de opinión a altas horas de la noche, en Canal Capital los podemos ver en el llamado horario triple A. María Elvira Samper, Antonio Caballero, Pedro Medellín, Baltasar Garzón, Laura Gil, León Valencia son algunos de los que animan el prostíbulo de Canal Capital. Un prostíbulo que abriría gustoso sus puertas al procurador y al concejal Ramírez si quisieran entrar. Muy al estilo de Hollman Morris, dicen algunos. Y yo diría: sí, con ambición y sin timideces pacatas.

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