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Reinaldo Spitaletta 17 Jun 2013 - 11:00 pm

Sombrero de mago

El retorno de Garganta Profunda

Reinaldo Spitaletta

Garganta Profunda, tal vez la película pornográfica más taquillera de todos los tiempos, es la historia de una mujer que tenía el clítoris en la garganta.

Por: Reinaldo Spitaletta
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Con ese apelativo se bautizó al célebre informante del caso Watergate, que a la postre resultó ser Mark Felt, el número dos del FBI, que le suministró datos relevantes al reportero Bob Woodward, del Washington Post.

El escándalo Watergate, que estalló en 1972, prácticamente había echado una cortina de humo sobre el informante más tremendo de la historia de los Estados Unidos hasta entonces, Daniel Ellsberg, que sacó a flote los herméticos Papeles del Pentágono, filtrados por él a The New York Times en 1971. Estos documentos revelaban las mentiras del gobierno norteamericano sobre la guerra de Vietnam, las víctimas reales que costaría y acerca de que, en últimas, los gringos la iban perdiendo. Además decían que el presidente Lindon B. Johnson había ocultado información de interés al pueblo norteamericano.

El gobierno de Richard Nixon emprendió una campaña de hostilidades contra el informante, y estalló en furia en determinado momento cuando dijo: “¡Cojan a ese hijo de puta!”. Tanto Ellsberg como Garganta Profunda se convertirían en míticos filtradores de información a los medios periodísticos y contribuirían al desenmascaramiento de un Estado como el norteamericano, que para entonces ya encarnaba las perversiones que en la ficción habían formulado escritores como Georg Orwell y Ray Bradbury.

Las revelaciones sobre el Watergate realizadas por los reporteros Bob Woodward y Carl Bernstein ocasionarían la renuncia, en 1974, de Nixon, y pondrían en la cima de la discusión, junto con el caso de Ellsberg, el rol de los informantes en el periodismo. Muchos años después, el soldado Bradley Manning filtró más de setecientos mil documentos secretos a Wikileaks, de Julian Assange, sobre las guerras de Irak y Afganistán, aparte de otros papeles diplomáticos. 

Hoy, la agitación mundial se debe a las filtraciones sobre programas ultrasecretos de la Agencia Nacional de Seguridad de los Estados Unidos. Varios operadores de Internet, como Google, Facebook y Youtube, cooperan con agencias de espionaje norteamericanas, en lo que se constituye en un nuevo atentado contra la libertad de expresión y el derecho a la privacidad. Estamos vigilados, tal vez todos seamos sospechosos de “terrorismo” y cualquiera podría ser, en potencia, un enemigo de Estados Unidos.  Este país, como en la novela de Orwell, tiene el Ministerio de la Verdad y es el Gran Hermano.

Obama ha continuado -como su antecesor- con el sistema de espionaje contra los ciudadanos norteamericanos, junto con los asesinatos selectivos con drones y las detenciones indefinidas de presuntos terroristas. Satélites, submarinos, robots, la tecnología toda, al servicio de un régimen que lo controla todo. Así como pueden interceptar las fibras ópticas submarinas para espiar otros países, también interfieren señales de radio, evaden radares y disparan armas de microondas. 

Las denuncias que al respecto realizó el exagente de inteligencia Edward Snowden, otro “nuevo enemigo público” del imperio, mostraron una vez más cómo el monstruo de los mil y un ojos quiere controlarlo todo. “No quiero vivir en una sociedad que hace este tipo de cosas. No quiero vivir en un mundo donde todo lo que hago y digo está siendo grabado. No estoy dispuesto a apoyar o vivir bajo algo así”, dijo el exempleado de la CIA al justificar su heroica decisión.

Las históricas revelaciones de Snowden advierten sobre la inconstitucionalidad del espionaje a los ciudadanos estadounidenses y acerca de un vasto programa de intervención en los asuntos internos de otras naciones. Es lo que se ha denominado como una “arquitectura de la opresión”, según la cual, por ejemplo, se contemplan ataques cibernéticos de Estados Unidos a blancos escogidos por las agencias de inteligencia y se interceptan comunicaciones.

Vivir hoy bajo un nuevo panóptico no es sorpresa. Estamos vigilados, pero no para ser protegidos, sino para que el poder omnímodo detecte quiénes son sus contradictores. Obama, el sofista, dijo en su campaña electoral que no habría más escuchas ilegales ni más espionajes a ciudadanos que no fueran sospechosos de cometer un crimen. Hoy no solo demuestra lo contrario, sino que la seguridad no es para el ciudadano sino para un sistema opresor, que se ha caracterizado, precisamente, por ejercer el terror en otras partes del mundo. 

  • Reinaldo Spitaletta | Elespectador.com

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