Por: Ignacio Mantilla

El sello postal de la Universidad Nacional

Los Servicios Postales Nacionales 4-72 han querido sumarse a la celebración del cumpleaños 150 de la Universidad Nacional de Colombia realizando una emisión conmemorativa de 12 sellos postales con motivos alusivos a la institución, los cuales representan los distintos campos del saber junto al escudo que lleva el lema que desde siempre ha guiado el quehacer de la universidad del Estado: “Busca la verdad en las aulas de la academia”. Complementan la emisión postal ocho bandeletas con imágenes de todas nuestras sedes.

Esta emisión, puesta a disposición de los colombianos desde la semana pasada, ofrece una cuidadosa presentación y calidad. Es uno de los primeros homenajes que recibe la Universidad Nacional, patrimonio de todos los colombianos, en este mes de celebración de su sesquicentenario.

El hecho se convierte en una oportunidad para auscultar el origen de las estampillas en los sobres de correo y para hablar de la transformación del sistema de correos a través del tiempo, y sobre su incuestionable importancia (antes de la aparición de las formas electrónicas modernas de comunicación), cuando saber de nuestros seres queridos distantes era todo un rito y el correo marcaba la forma preferida de relacionarse. La literatura de los siglos XIX y XX está plagada de turbios, en otros casos apasionados y, en los casos más tristes, virginales relatos de amor que se conocieron y fortalecieron a través del intercambio epistolar.

Los historiadores y arqueólogos coinciden en que la consolidación de las civilizaciones y el establecimiento de las rutas de intercambio comercial posibilitaron la adopción del sistema de comunicaciones y la especialización en el desarrollo de las mismas, pasando de los atletas que podían durar meses enteros corriendo de un punto a otro para entregar un mensaje verbal o escrito, hasta un sofisticado sistema de comunicación, haciendo uso de la tecnología disponible.

Las tablillas más antiguas que se usaron para llevar un mensaje datan del año 4.000 a. C. y son provenientes de Babilonia. En Egipto, en los tiempos del matemático Ahmes, es donde los estudiosos han señalado que se consolidó un sistema de mensajería mediante el cual el gobernante podía saber qué estaba sucediendo en las tierras más lejanas de su territorio. Persas, griegos y romanos desarrollaron sus propios sistemas de comunicación, de la mano de la expansión militar.

La masificación de los correos trajo consigo la necesidad de identificación, y antes del surgimiento del sello postal algunas precarias marcas servían de referencia para reconocer la ruta de una carta. Aun así, se presentaban algunos inconvenientes relacionados con los pagos, ya que los debía hacer el destinatario. Fue por ello que el inglés sir Rowland Hill, originario de la ciudad de Kidderminster, puso en venta la primera estampilla en 1837, para asegurar que el correo llegara a su destino y que no se perdiera por falta de pago al recibirlo.

En 1843, Brasil fue el primer país latinoamericano en adoptar el sistema de sellos postales, y en 1859 apareció en circulación la primera estampilla en nuestro país.

Un sello postal es mucho más que un pequeño y colorido papel, un pasatiempo o una forma en que el servicio de correo puede obtener ingresos. Un sello postal es un espacio estratégico de comunicación que puede llegar a concentrar en un momento específico los valores más destacados de una sociedad o simplemente captar la realidad territorial de un país y congelarla en el tiempo.

Sin ser experto en filatelia, debo confesar que siempre me ha atraído el aporte artístico y el detalle con que las estampillas son producidas. Me llaman especialmente la atención aquellas que buscan salvaguardar la riqueza ambiental de nuestro país, como las que pertenecen a la serie “Biodiversidad endémica de Colombia en peligro de extinción”.

A nivel internacional se han hecho famosas las que reproducen los rostros de los padres fundadores de Estados Unidos, en especial George Washington, así como los héroes de la desaparecida Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), de la China de Mao y de la Segunda Guerra Mundial, entre otras. Conocí hace unos cinco años, a través de una revista alemana de divulgación científica, una enorme colección de sellos postales de diversos países dedicada a exaltar a ilustres matemáticos. Sobresalen, por ejemplo, el sello dedicado a los 400 años del natalicio de René Descartes, publicado en 1996, y la estampilla a todo color que aborda la vida y los desarrollos de Arquímedes, publicada en 2010. Hay una estampilla emitida en 1977 por la empresa alemana de correos para conmemorar los 200 años del nacimiento de Carl Friedrich Gauss, uno de los más grandes matemáticos que ha habido.

Afortunadamente hay personas en todo el mundo que cultivan la filatelia y nutren diariamente sus colecciones de estampillas, pues el registro de todas las emisiones permanecerá como un invento valioso de la humanidad.

Que sea esta entonces una oportunidad para que la experiencia, el conocimiento y la historia de la Universidad Nacional recorran los rincones del territorio nacional a través de las 89.856 estampillas puestas a disposición de los ciudadanos por los Servicios Postales Nacionales 4-72 desde la semana pasada.

Ojalá muchos lectores adquieran esta edición especial. Una apuesta de colección, que, al igual que la estampilla que se emitió hace 50 años para celebrar el primer centenario de la Universidad Nacional de Colombia en 1967, forme parte de los símbolos que enaltecen la institución.

 

*Rector, Universidad Nacional de Colombia

@MantillaIgnacio

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