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Lorenzo Madrigal 11 Nov 2012 - 11:00 pm

El sueño democrático

Lorenzo Madrigal

Muy pocas veces la política produce emociones, caracterizada, como suele serlo, por el pragmatismo, cuando no por la vulgaridad. La vemos y la vivimos así, con cara inmutable, pues poco de ella nos conmueve.

Por: Lorenzo Madrigal
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Otra cosa es un espectáculo democrático como el del pasado martes 6, al cual se podía asistir desde cualquier lugar del mundo. La noche de ese día electoral de Norteamérica iba a ser prolongada hasta el amanecer para los más interesados en un resultado seguro.

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Todos vimos cómo las cadenas colombianas aún manejaban rellenos de entrevistas y proyecciones, cuando ya CNN notificaba la reelección del presidente Barack Obama. Pifia de comunicadores, muy abrigados por calurosas chaquetas y bufandas. Sólo el avezado Yamid, con la naturalidad de su lenguaje, cerró temprano la emisión especial, dejándonos, según dijo, con el triunfo de Obama.

La proyección de este político afroamericano como líder de su nación, hoy en día pluriétnica y multinacional, emociona al recordar el “sueño” de Martin Luther King, en su discurso del Lincoln Memorial, en 1963. Ver la delgada figura del reelegido presidente dirigirse a una multitud frenética, no es ya un episodio diario del acontecer político; es haber asistido, así fuera por transmisión, a un hecho histórico.

Para Lorenzo este ha sido apenas un instante más dentro de su sorprendida travesía por este mundo: de niño, ante una algarabía, se asomó a la ventana y pudo ver que estudiantes festejaban el fin de la Segunda Guerra Mundial. Vino a Bogotá y saludó de mano a Gaitán y al regresar a su tierra escuchó la noticia de su asesinato; trabajó al lado de Guillermo Cano sin darse cuenta de que respiraba junto a un mártir del periodismo; vio que en la Roma de su venerada iglesia, un papa viajaba y no era italiano; leyó cualquier día esta noticia sorprendente: ”Se acabó la Unión Soviética”; vio volverse comunista a Venezuela y no con Rómulo Betancur; y ahora, contemplar, ya agotado el asombro, a un político de raza negra ser elegido y reelegido primer magistrado de su nación (“Ladies and gentlemen, the president of the United States!”).

Lo más destacable del sueño de King y de su proclama maravillosa es la consigna de no ser injustos en el reclamo por los derechos civiles. Hombre de fe, pastor de su credo, reclamó proceder sin odio ni amargura y sin hacerles daño a sus adversarios raciales. Quedó ahí la lección para quienes, de siempre, han pretendido conseguir justicia social por medios violentos.

King, como Gandhi, vieron desviarse seguidores suyos hacia la violencia, por ellos repudiada. Terminaron acribillados por los intolerantes. Es de esperarse que al presidente Obama, tras una elección democrática, civilizada y realizadora del sueño de Martin Luther King, no lo alcance el peligro en un país que mata presidentes.

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