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Jorge Iván Cuervo R. 1 Dic 2016 - 9:01 pm

El sueño revolucionario y la terminación del conflicto

Jorge Iván Cuervo R.

La muerte de Fidel Castro termina con un período en la historia de América Latina caracterizado por la reivindicación de la lucha armada contra gobiernos autoritarios en el contexto de sociedades injustas y democracias restringidas.

Por: Jorge Iván Cuervo R.
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Ese ciclo revolucionario que empieza en 1959 con la revolución cubana y que obtuvo triunfos en Nicaragua – y ya sabemos cómo terminó el sandinismo- y de alguna manera en El Salvador; en el caso de Colombia se ha extendido de manera innecesaria, pues solo hasta ahora le estamos dando fin, al menos en lo que tiene que ver con las Farc, en medio de una fractura social que no es otra que las secuelas de esa misma guerra inútil.

Los sueños revolucionarios generalmente devienen en gobiernos autoritarios para imponer el nuevo orden, y la revolución castrista no pudo sustraerse de esa dinámica, y si bien logró consolidar un modelo de Estado social con indicadores de cobertura en educación y salud que envidiaría cualquier país desarrollado, terminó en un sistema político autoritario que no permitió la disidencia ni dejó que floreciera la democracia, un exceso burgués innecesario, dirán los ortodoxos.

El sistema de vigilancia social que ocupa la vida cotidiana de los ciudadanos en Cuba, la carencia de una serie de bienes y servicios básicos y las restricciones a la las libertades políticas, incluyendo la libertad de expresión, es un costo muy alto para el pueblo cubano que con una dignidad envidiable ha sobrellevado el bloqueo, la segregación social en su propia tierra – son miles las historias de cubanos que no pueden ingresar a sitios donde lo puede hacer el turista- y la perpetuación de un régimen que inexorablemente a pesar de su origen justo devino en un régimen autoritario.

El sueño cubano dio impulso en Colombia a aquellos campesinos que desde 1955 –año en que se registra la primera conferencia guerrillera, 130 hombres disidentes de las guerrillas liberales y de la autodefensa campesina, al mando de Pedro Antonio Marín- decidieron levantarse en armas contra el Estado, en ese entonces contra la dictadura de Rojas Pinilla, conflicto que fue creciendo y extendiéndose, y su salida negociada aplazada por las élites políticas hasta convertirse en una suerte de normalidad histórica, una guerra ajena a los grandes centros urbanos, una de las razones que sin duda explican que 6.431.376 colombianos se hubieran opuesto al Acuerdo entre el gobierno de Santos y las Farc, y que aún hoy muchos se oponen a la salida política que ha ideado el gobierno a las volandas para no perder ese importante esfuerzo de negociación y no quedar atrapadas en las paradojas contra mayoritarias de la democracia.

El pasado lunes 28 de noviembre, invitado por la periodista Diana Calderón al programa Hora 20 de Caracol radio, tuve la oportunidad de preguntar a Pablo Catatumbo qué quedaba del sueño cubano en la ideario de las Farc y, más allá de las consignas ideológicas típicas, Catatumbo reconoció con pragmatismo y cierto enojo que ellos hubieran querido obtener una victoria para imponer un modelo económico distinto, pero que como no habían ganado la guerra, ahora les tocaba plantear sus ideas en los estrechos márgenes de lo que esta democracia lo permite.

El sueño revolucionario se extendió de manera innecesaria en Colombia, y se degradó en sus formas –narcotráfico, secuestro, afectación a la población civil- de tal forma que dejó muy pronto de ser una utopía con gran respaldo social y con muchas secuelas negativas para la democracia y el Estado de Derecho, y con un acumulado de víctimas y de ausencia de justicia que amenaza una verdadera reconciliación luego del Acuerdo.

Hoy, paradójicamente, la utopía es la terminación del conflicto por la vía de la negociación.

@cuervoji

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alekos

Vie, 12/02/2016 - 17:10
Al columnista le hace falta perspectiva histórica para analizar el caso cubano. Preguntar a las FARC que queda del sueño cubano hoy en día, es una tontería, cuando de 1959 al 2016 ha cambiado el mundo de manera drástica; por eso, no puede quedar mucho del sueño revolucionario inicial. Ni siquiera en Cuba creo que es válida esa pregunta...
Opinión por:

Sebastián Felipe

Vie, 12/02/2016 - 10:13
1 a 4. Debió titular «El Sueño Revolucionario y la Terminación del Conflicto», con mayúsculas en las palabras significativas, por tratarse del título de una columna que, como obra de creación o del intelecto, es un nombre propio que la individualiza y rige mayúsculas (cónfer mi opinión completa al respecto en el foro de la columna «La palabra mafia», de Óscar Alarcón, en El Espectador de 10-5-2016: http://www.elespectador.com/opinion/palabra-mafia). // 5. Copio lo que opiné en el foro de la columna «Fidel Castro: joven lector», de Valentina Coccia, publicada en esta misma edición de El Espectador (no entrecomillo mi opinión): Murió Fidel, un déspota mediocre y asesino, seguidor de genocidas como Stalin, que empobreció a todos los cubanos, salvo a sus compinches y amigotes, encarceló y/o fusiló a los cubanos que lo criticaron y se le opusieron, no permitió disensos ni partidos políticos ni ideas u opiniones distintas a las que impuso por las armas, solamente permitió la prensa oficial, no aceptó supervisión internacional a su régimen ni a las cifras o los datos familiares, sociales, económicos y de cualquier otra naturaleza, que amañaba, y fue hipócrita y oportunista al participar en la fundación y presidir el Movimiento de Países No Alineados, conque realmente fue un lacayo del terrible comunismo soviético que lo apoyó incondicionalmente desde Nikita Krúschev hasta que Mijaíl Gorbáchov le suspendió el apoyo económico y militar anual y lo abandonó a su suerte, con lo que empezó su declive. Fidel permitió que Cuba fuera ruta y escala del narcotráfico y se benefició de él, y cuando lo pillaron les echó la culpa a los militares Arnaldo Ochoa Sánchez (general de alto mando) y Antonio de la Guardia y Font (coronel), a quienes enjuició sumariamente y fusiló con algunos secuaces para «limpiar» su nombre; auspició y protegió a promotores y comandantes de guerrillas comunistas, a desestabilizadores y procuradores de conatos de guerras civiles y a comunistas golpistas de estado, y participó con tropas y pertrechos en guerras internacionales procomunistas, sin criticar ni inmutarse por sus atrocidades; y acogió a delincuentes internacionales que secuestraban aviones (con pasajeros) y cometían otros crímenes. Fidel restringió la libertad y la movilidad de los cubanos, que no pueden desplazarse por su país sin permiso de las autoridades y jamás salir al exterior, salvo que fueran de su círculo cercano o deportistas, artistas y profesionales adláteres. Prohibió, so pena de cárcel, los negocios entre los cubanos, que no pueden siquiera realizar permutas mínimas entre ellos ni pequeñas compraventas (¿con qué dinero si más del 99% son pobres?), ni menos que alguien realice alguna labor para otra persona, salvo caso de enfermedad del beneficiado y que sea gratis o por imposición de las autoridades. Fidel fue condescendiente con lameculos como Pablo Neruda (que escribió la vergonzosa Oda a Stalin y asistió a su sepelio) y Gabriel García Márquez y toda la izquierda comunista. Fidel Generalizó la educación y la salud en Cuba, pero la educación es dirigida, no libre, sometida al régimen totalitario, donde los profesionales no pueden ejercer sus profesiones por falta de oportunidades, y los médicos y demás personal de salud ganan en promedio unos cincuenta dólares mensuales, que les sirven apenas para subsistir y seguir siendo pobres como todos los demás cubanos. Fidel desestimuló el libre desarrollo de la personalidad de los cubanos, los sometió a todos hasta el semiesclavismo y los tuvo al margen de la civilización y la tecnología y la cultura que no fueran comunistas. Estuve en La Habana a finales de abril de 2007, hablé quedo con muchos cubanos, incluido el director de migración, que me informaron en privado de su sometimiento y semiesclavitud y pobreza y temor al régimen. Fidel fue el peor tirano de América, un buen muerto, como todo tirano y asesino y carcelero de la libertad y semiesclavista e impositor de la pobreza y limitador de la cultura y... Lástima que haya durado tantos años sometiendo y envileciendo a los cubanos. // 6. Y marros más.
Opinión por:

okcomputer

Vie, 12/02/2016 - 08:47
El columnista de opinión no tiene idea en que planeta está parado. La revolución Cubana terminó el mismo día en que se instauró la dictadura y el conflicto armado en Colombia hace unos 30 años, cuando los antiguos grupos insurgentes se transformaron en poderosos empresas al servicio del narcotráfico.
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