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Francisco Gutiérrez Sanín 6 Dic 2012 - 11:00 pm

El tango de las asambleas departamentales

Francisco Gutiérrez Sanín

Reformas como la Ley de Víctimas o la de Regalías, y el proceso de paz que está en curso, han puesto en la agenda, pero de manera aún vaga y descoordinada, el papel, la calidad y el desempeño de las autoridades locales.

Por: Francisco Gutiérrez Sanín
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Se trata de algo muy importante, a lo que tocará volver una y otra vez en el futuro. Sin embargo, nadie se ha referido recientemente a las asambleas departamentales.

Este silencio tiene una fácil explicación: las asambleas están en el estado de postración más extremo que uno pueda imaginarse. Ni siquiera protagonizan escándalos: y en Colombia eso es ya casi el equivalente a la muerte clínica. Lejos están las épocas de gloria, en las que constituían un eslabón fundamental en la carrera de un político y, aunque hoy parezca inverosímil, un importante lugar de toma de decisiones. Por allá a principios de la década de 1940 (si no me equivoco, hace exactamente 70 años), el presidente Eduardo Santos escribió un texto quejándose de que las asambleas departamentales se habían convertido en una suerte de parlamentos regionales y en un serio foco de desestabilización. Qué tiempos aquellos. Si cuando me acuerdo me pongo a llorar. Hoy no son más que una suerte de cuarto de San Alejo del sistema político.

Naturalmente, un país como el nuestro no puede darse el lujo de mantener semejantes trastiendas. Sin embargo, la salida fácil de proponer su eliminación en realidad no soluciona nada. Si algo nos tendría que haber enseñado a los colombianos la experiencia de la descentralización estrictamente municipalista que se adoptó en la década de 1980 es que necesitamos fortalecer, no debilitar, a los órganos intermedios entre el municipio y el gobierno central. Naturalmente, esto es más fácil de decir que de hacer. La sociedad y el Estado llevan a cuestas múltiples restricciones, desde las fiscales hasta las de personal calificado. Pero toca. Esas entidades intermedias tienen numerosas ventajas estratégicas. Son menos susceptibles de ser capturadas por agentes ilegales que los municipios (obviamente, no invulnerables; pero no hay nada invulnerable), y a la vez potencialmente más dúctiles y menos bloqueadas que los órganos decisorios a nivel nacional. Para un país como Colombia, vinculado desde hace décadas al mercado mundial de las sustancias ilícitas y aquejado por un largo y complejo conflicto, el nivel intermedio debería de haberse convertido en una fuente de fortaleza institucional.

No sucedió así. Nuestros departamentos sufren de una debilidad endémica, pero además, como ningún otro nivel territorial, también de una total concentración sobre la figura del Ejecutivo. El Congreso y los concejos están muy desprestigiados, pero actúan, hacen ruido y estorban. Se dirá que esta descripción es injusta y unilateral: está bien. Pero el punto es que dan signos de vida. Las asambleas, en cambio, no salen, ni podrían salir en las condiciones actuales, de su coma profundo.

Sería tonto desestimar el papel que estos diseños juegan en la vida del país, y en el desarrollo de políticas cruciales de cara al futuro. Sin entender bien a las personerías tendremos problemas para sacar adelante la restitución de tierras. Sin encontrarle un lugar a los cuerpos colegiados subnacionales quedará imposible hallar la vía para un ordenamiento territorial razonable. Y así sucesivamente. En estas cosas hay todo un universo de peligros, pero también de posibilidades. El gran poeta alemán Heinrich Heine alguna vez sentenció que el diablo estaba en los detalles. Dos siglos después, el igualmente inmortal paleontólogo y ensayista Stephen Jay Gould dictaminó con parecida contundencia que lo que uno encontraba en los detalles era a Dios. Ambos tenían razón —parcialmente—. En realidad, todo está en el diseño.

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suesse

Sab, 12/08/2012 - 12:04
En un país cuya estructura (?) económica no es capaz de absorber las hordas de desempleados que nada que disminuyen, y ahora no produce sino cervezas, chucherías, y huecos y aguas contaminadas, via la "locomotora" minera, cualquier cosa que "produzca" el Estado, así sean "corbatas" y curules, es un bien preciado. Que sirvan de algo? Eso, es lo de menos...
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HERPAN

Vie, 12/07/2012 - 16:46
Son costosos apéndices de los gobernantes locales de turno. De la mano del gobernador nombran uncontralor de bolsillo y aprueban planes de desarrollo y proyectos de ordenanza presupuestal sin mayor estudio y análisis.
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juanca13

Vie, 12/07/2012 - 15:29
Muchos (millones de colombianos) no entendemos porque a estas alturas del siglo XXI todavìa el pueblo con sus impuestos debe pagar la manutencion y existencia de estos entes parasitarios. Con un gobernador y un buen equipo de trabajo y gente de las regiones dispuesta a sacar adelante proyectos bastaria; y con lo que se les paga a los diputados y su sèquito de asesores podrian dotarse hospitales, escuelas y màs inversiòn social. Algun dia....
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Ar mareo

Vie, 12/07/2012 - 15:09
Sino se oye de ellas es por su gran exito en parasitar y apoderarse de todas las instancias del gobierno local, incluso de los medios de comunicacion. Ese taimado silencio se debe a su exito como feudos tangibles para la reparticion del poder y la burocracia departamental desde hospitales y licoreras hasta loterias. No se necesita estar en Bogota para tener su propio reino terrenal
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