Por: Santiago Montenegro

El vaso medio lleno

En una reunión en Lima, objeté respetuosamente a un grupo de analistas peruanos porque estaban siendo demasiado críticos de su país.

Argumenté que el PIB de Perú crece a tasas muy altas, que el desempleo ha caído, han bajado la pobreza y la desigualdad y el crecimiento de la agricultura moderna en la costa es extraordinario. Además, tienen un programa envidiable de titularización de tierras y viviendas y un sistema espectacular de información sobre ejecución presupuestal. Insistí en que debían hacer un esfuerzo por ver el vaso medio lleno y no medio vacío. Terminé mi intervención y los siguientes expositores continuaron utilizando la metáfora del vaso. Así, un académico argentino comentó que su gobierno había regado el agua y el venezolano dijo que el suyo se había robado el vaso.

A pesar de estas percepciones tan negativas, insistí en una visión más optimista para América Latina y también para Colombia. En la misma reunión de Lima y después, en charlas con empresarios en el mismo Perú, pero también en Chile y en Colombia, la principal preocupación que mencionan los analistas extranjeros sobre nuestro país es la división de la dirigencia política, ejemplarizada en la discordia entre Uribe y Santos, la que encuentran no sólo incomprensible, sino también peligrosísima. En las últimas semanas, a este nubarrón se han sumado otros, como el fallo de la Corte de La Haya sobre San Andrés y el colapso de Interbolsa, y también ha comenzado a haber preocupación sobre la evolución del proceso de paz, en Cuba, con unas Farc envalentonadas, apareciendo en los noticieros de televisión todas las noches, como lo hacían en el Caguán, y argumentando sobre la necesidad de una “democracia auténtica”, dando a entender que, después de esta fase de negociación, entraremos a una tercera fase en donde todo, hasta el modelo económico, será negociable.

Sin negar que hay motivos de preocupación, sigo creyendo que, con un poco de buena voluntad de todos, el futuro de Colombia puede ser muy promisorio, por varias razones estructurales. Primero, pese a todos los problemas y deficiencias, el sistema político es inmune a gobiernos hegemónicos o autocráticos. Como dicta el modelo liberal, el poder en Colombia sigue siendo limitado, tanto en el espacio como en el tiempo, y si logramos que sea más transparente podremos mejorar nuestras instituciones. Segundo, tenemos un población que permanecerá relativamente joven por muchas décadas más, lo que nos podrá dar grandes ventajas en un mundo que se envejece aceleradamente. Tercero, tenemos una localización geográfica incomparable, en el corazón del continente, puerta entre el Norte y el Sur, entre el Oriente y Occidente, con nuestras ciudades de la costa norte a hora y media de avión de las ciudades del sur y éste del mayor mercado del mundo. Cuarto, en un mundo que se calienta y que clama por productos agrícolas, somos uno de los países con más recursos hídricos del planeta y con millones de hectáreas para producir alimentos que reclaman las crecientes clases medias de todo el mundo.

Por supuesto que tenemos que implementar políticas para que estas y otras fortalezas se traduzcan en una mejora real en la vida de la gente. Pero lo primero que hay que hacer es creer que lo podemos lograr. Tenemos que ver el vaso medio lleno y no medio vacío.

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