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Lorenzo Madrigal 27 Ene 2013 - 11:00 pm

¿Encuestas o eliminatorias?

Lorenzo Madrigal

Comienza, pues, el proceso electoral, a la luz de sondeos que de entrada eliminan a algunos que no se mencionan o someten a otros, todavía inmaduros, a una valoración anticipada.

Por: Lorenzo Madrigal
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En Colombia siempre en el segundo año de un gobierno se vislumbran sucesores; y estamos en el tercero. Existe la modalidad novísima de que el mandatario en ejercicio puede ser reelegido en forma inmediata.

Esto de la reelección ininterrumpida convirtió el presidencial en un virtual período de ocho años. Todo gobierno creerá que lo está haciendo bien y que por lo tanto merece un alargue, sin solución de continuidad, podría decirse.

Juan Manuel Santos está en lo suyo. Quiera o no la reelección, que la quiere, está siendo careado para intentarla por la emulación de quien se convirtió en su peor enemigo político: el mismo que buscó a los Santos, entonces poderosos, para catapultarse al poder. Hoy los recrimina como lagartos y traidores.
Vaya. Pero hoy Santos está encallado en dos temas, de los que no sale o saldrá bien librado, el mar es uno y la paz cubana es otro; carente de una gracia personal, que suele ser un don especial de Dios, la verá difícil para enfrentar la lid eleccionaria.

Uribe, su gran rival, tampoco las tiene todas consigo. No tanto por la estela de escándalos que dejó la nave a su mando, que no tocan, curiosamente, al capitán, sino a unos cuantos náufragos, presos, prófugos o, en gracia, asilados. Lo digo porque no hay en su haber de hombre orquesta, de caudillo único, quien lo reemplace, quien retome sus votos sin riesgo de competir en desventaja.

A veces me adormezco pensando que el presidente Santos, objeto de provocaciones, malicioso sobre el paño de jugar, tramposo no, ‘cañando’ sí, debería dejar el solio en el tiempo que ha sido tradicional. Una salida señorial a los cuatro años por la puerta del palacio de La Carrera, que da a la vieja vía, algunos vivas, un auto protegido y rumbo a casa.

Tiene su mejor carta a jugar. Sin que nadie sea discípulo ni continuador de nadie —ya esto se ha visto— su ministro de las casas (no Fray Bartolomé), don Germán Vargas Lleras, puede llegar en su reemplazo. Tras batirse a duelo, claro, con la jauría uribista, que si no es con el propio Uribe, monstruo del caudillismo, como el cuasidifunto Chávez, no podría avasallarlo. Es lo que pienso.

A un Lorenzo desprevenido le interesa el juego de la política, mientras sea democrático, sin asomo de sables ni “rifles de asalto”, y esto ha sido así desde niño.

***

De llorar el espectáculo del exministro Óscar Iván Zuluaga, repartiendo sus propios volantes de precandidato en los semáforos de Medellín. Es nuestro Jimmy Carter: “ I’m Oscar Ivan and I’m going to be your next uribist president”.

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