Por: Adolfo Meisel Roca

Enfermedad holandesa y las regiones

LOS ECONOMISTAS DEFINEN LA ENfermedad holandesa como la situación en que los países tienen un enorme auge exportador en el sector primario, auge que tiene efectos económicos positivos y negativos. Entre los efectos positivos está el aumento en la capacidad para importar e invertir.

Entre los negativos está la revaluación y la consecuente pérdida de competitividad de las exportaciones que no están en auge y el aumento en las importaciones que compiten con la producción local.

El modelo de la enfermedad holandesa es útil para entender coyunturas macroeconómicas específicas. Por ejemplo, sirve para analizar la bonanza cafetera que tuvo lugar en Colombia entre 1975 y 1979, a raíz de la destrucción de buena parte de la producción de café del Brasil debido a una fuerte helada en 1975, que triplicó el precio del grano en el mercado mundial. En esa época, el aumento en las reservas internacionales llevó a una aceleración de la inflación y a la revaluación del peso con respecto al dólar.

Aunque es más usual encontrar que se analice el fenómeno de la enfermedad holandesa en el contexto de coyunturas económicas específicas, su aplicación también es válida para entender procesos económicos de más larga duración. En el caso colombiano, los historiadores económicos han estudiado las consecuencias que tuvo el gran auge cafetero de 1920-1950 sobre las regiones que no producían café, como la Costa Caribe. En esta última región, las exportaciones, como el banano, perdieron competitividad debido a la revaluación del peso y la Costa optó por especializarse en la producción ganadera para el mercado nacional. Esto llevó a que su crecimiento económico se rezagara con respecto al de las zonas exportadoras de café.

En las últimas décadas, el país ha tenido un gran crecimiento de las exportaciones del sector minero energético, petróleo, carbón, níquel, y nuevamente se presentan síntomas de la enfermedad holandesa: revaluación del peso respecto al dólar (aunque esa no es la única causa), aumento de las importaciones, dificultades en el sector exportador diferente al minero energético, contracción de la producción industrial y agropecuaria de sectores que compiten con las importaciones.

Lo paradójico de la reciente manifestación de los principales rasgos de la enfermedad holandesa es que su impacto regional es diametralmente opuesto al que tuvimos entre 1920 y 1950, en cuanto a las zonas beneficiadas o afectadas negativamente. Mientras a comienzos del siglo XX fueron los departamentos cafeteros los que mejor desempeño tuvieron, pues eran los que más exportaban, ahora son esos mismos departamentos a los que les va peor. En términos de PIB per cápita el llamado Eje Cafetero está retrocediendo.

Cuando el auge cafetero perjudicó a las regiones periféricas del país, en esa época nadie propuso mitigar las consecuencias. Como se trataba de un hecho económico con una larga duración, probablemente lo más sano fue haber dejado que el mercado reasignara los factores a través del territorio de acuerdo con su propio funcionamiento. Tal vez debamos hacer lo mismo ahora.

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