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Angelika Rettberg 13 Nov 2012 - 11:00 pm

Entre nosotros nos entendemos

Angelika Rettberg

Una de las razones por las que muchos colombianos vieron con buenos ojos las negociaciones de paz del Caguán estuvo relacionada con una imagen que, en plena campaña presidencial previa a la iniciación del proceso, circuló en los medios de comunicación: el candidato Andrés Pastrana abrazado a Tirofijo, ambos con sonrisa amplia.

Por: Angelika Rettberg
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La expectativa era que el encuentro entre dos seres humanos, desprovistos de cargos y status y libres de la presión que emana de tener que dar declaraciones públicas, iban a entenderse mejor y resolver los problemas con un apretón de manos. El acto, y el proceso de paz que le siguió, implicó también un cierto desprecio hacia los procesos excesivamente estructurados, por un lado, y hacia la intervención de actores externos como mediadores, por el otro.

Posteriormente, James Lemoyne, en representación de la ONU, siguió el ejemplo del ya presidente Pastrana, yendo al Caguán con botella de whisky en mano. Quizás también en este nuevo proceso en algún momento trasciendan imágenes de Humberto de la Calle disfrutando un habano con Iván Márquez, compartiendo un rato de descanso, estableciendo puentes personales, tarareando canciones propias de su generación.

Pero que una borrachera no surte un efecto duradero como acto fundacional de una relación constructiva a largo plazo lo pueden atestiguar todos quienes, después, sólo se acuerdan del guayabo. Ciertamente, el proceso del Caguán, una oportunidad histórica desperdiciada, no funcionó mejor por buscar acercamientos extrainstitucionales y por marginar los actores externos que se ofrecieron a ayudar.

Entre colombianos no nos hemos entendido. A pesar de tener una de las democracias más longevas de América Latina, también hemos tenido uno de los conflictos armados más duraderos del último siglo en el subcontinente. Más allá del conflicto armado, son notables los niveles de polarización política y de la agresividad cotidiana en las relaciones personales y sociales.

No se puede demeritar la importancia y los milagros que a veces hace el contacto personal entre contrincantes, actividad a la que se dedican con éxito profesionales y diplomáticos de tiempo completo. Pero si bien el contacto personal es necesario, no es suficiente, ni es útil en cualquier momento. La experiencia ha demostrado que los procesos con reglas de juego claras, con procedimientos definidos y con énfasis en el monitoreo y la verificación con el apoyo de actores externos, rinden frutos más duraderos y estables. Por tanto, si hemos de ver intentos de socialización entre las partes que ahora negocian en La Habana, por favor que sea más adelante. En este momento no esperamos que se hagan amigos. Sí esperamos que, con compromisos viables, acuerdos claros y acompañamiento de terceros, esclarezcan cómo van a negociar los difíciles puntos de la agenda para poner fin al conflicto armado colombiano.

 

*Angelika Rettberg

  • Angelika Rettberg | Elespectador.com

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Joselau

Mie, 11/14/2012 - 07:53
Las fotos con Marulanda, fué craneada como estrategia para que el vanidoso llegara a la presidencia, después no fué más que un circo, dónde asistían todo tipo de animalejos pantalleros, tan pronto le diéron la oportunidad que estaba esperando se abrió del parche, cual paz y el sultán se dedicó a las cumbres buscando siempre estar al lado de Fidel, o de cualquier reyesuelo, le encantan las fotos con cualquier crema.
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Boyancio

Mie, 11/14/2012 - 05:20
Somos tan violentos, somos tan amigos del tráfico de influencias, del privilegio combulsivo, sea que quede algo en el bolsillo, que nos da vaina tener que andar en igualdad de condiciones con respecto a las oportunidades al tener que hacer una cola en medio de gente pobre y arrutanada, además, sin haber practicado la venganza en todo su esplendor para convivir con el crímen con todo el ubérrimo honor. Que la paz sea con ustedes, pues los pobres nos despachamos con el engaño de siempre. Señor, dadnos más que sea un calabazo de suero, una panela, y media libra de grapas para arreglar el portillo por donde se salen las sagradas vacas.
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