Por: Antonio Casale

Entrenadores colombianos

Así es la vida, mientras la selección de Colombia encontró por fin el rumbo mundialista de la mano de un innegablemente capacitado argentino, José Pékerman, un entrenador colombiano, Jorge Luis Pinto, acaba de clasificar a Costa Rica a la máxima cita y otros dos, Reinaldo Rueda, con Ecuador, y Luis Fernando Suárez, con Honduras, están a punto.

Sin duda hay entrenadores buenos. A los anteriores se suma Juan Carlos Osorio, los tolimenses Hernán Torres, Flabio Torres y Carlos Castro. Sus equipos son equilibrados y bien trabajados, evolucionaron la liga colombiana, privilegiando siempre el espectáculo. No podemos dejar de nombrar a Wilson Gutiérrez o a Leonel Álvarez, ni olvidar destacar el trabajo de Piscis Restrepo.

Sus mentores provienen de la más variada escuela de técnicos. Pinto y Rueda se prepararon en Alemania. Suárez y Leonel son pupilos de Maturana, quien sin dudarlo, puso la primera piedra. Pacho es consecuencia de la influencia de Zubeldía, Arrigo Sacchi y otros tantos miembros del olimpo futbolero. No en vano Maturana es miembro de la comisión técnica de la Fifa. Osorio se preparó en Inglaterra y renueva sus credenciales en las diferentes escuelas europeas. Los tolimenses, por su parte, son pupilos de Jorge Luis Bernal y pueden dar fe de la rigurosidad con la que el ‘cacique’ siempre ha preparado a sus equipos. Con tantos maestros, no es raro que nuestro fútbol evolucione.

Entonces, ¿por qué sólo un técnico extranjero pudo devolvernos a un mundial? Por un lado, como es costumbre en nuestro país, los nuestros siempre dividieron y eso no es culpa de ellos, pero eso sí golpeaba su gestión. Por otro lado, por cuestiones de la cercanía, los nuestros siempre fueron manipulables por parte de empresarios y algún sector de la prensa; y los que no se dejaban, terminaron saliendo por la puerta de atrás después de sucumbir ante el poder de los anteriormente citados, todo porque los de ese círculo no podían soportar que no tuvieran lugar en las decisiones del técnico de turno. Con Pékerman nadie se mete. El argentino puso distancia desde el comienzo con la ventaja de no tener cuentas pendientes con nadie, pues su pasado con los actores del fútbol nacional se remonta a su época de jugador del DIM en la década del setenta, su imagen no se ha desgastado. Además, este es un gran momento para nuestros jugadores, los directivos parecen haber aprendido, los empresarios encontraron otras formas de exportar jugadores y en general nuestra prensa es más madura, alejada de regionalismos y rencillas. Todo eso ha jugado en favor del entorno de don José.

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