Por: Antonio Casale

Equipos que se paran

El mito dice que hay equipos que le dejan de caminar a su técnico hasta que logran sacarlo, pero jamás se ha comprobado. Lo cierto es que a veces el cambio de líder logra modificar el rumbo de causas que parecen perdidas.

A Hernán Torres le ha ido bien a donde ha ido. Con escasos recursos logró sacar campeón a Millonarios, llegó a finales con el Tolima y peleó títulos con el Medellín. Devolvió al América a la primera división, objetivo que no pudieron cumplir otros que incluso tienen más charreteras que él. Ya en la categoría máxima lo llevó a los playoffs e incluso clasificó a semifinales. Pero en este semestre, que había comenzado muy bien, el equipo se le vino abajo.

Sería injusto decir que a Torres los equipos se le rompen. A todos los entrenadores les pasa que su mensaje deja ser incidente en el grupo, los resultados dejan de llegar y el ciclo se les cumple. El día a día de cualquier técnico es desgastante. La parte táctica termina siendo sólo un ingrediente. El manejo de egos, la disciplina y mantener al grupo motivado son tareas que tienen fecha de vencimiento, y a Torres le llegó el día. Igual, nadie le quita lo bailado.

Es que lo del América es emocional. Su nómina no es la mejor, pero tampoco es la peor del país, está lejos de serlo, así que no es un problema técnico. Los equipos de fútbol necesitan un líder en la cancha y otro en el banco. En tiempos de crisis es cuando sale a relucir su casta.

En tal sentido, con la salida de Ernesto Farías, los escarlatas perdieron a ese personaje capaz de chuparse la presión que desciende desde las gradas y que se vive durante la semana en el entorno. Esa presión logra que, a pesar de haber entrenado bien en los días previos, las piernas pesen el día de la competencia. Hoy, en la cancha no hay quien transmita tranquilidad y confianza. La pelota rebota en las canillas de todos y nadie quiere saber de ella.

En consecuencia, la dirigencia, en cabeza de su máximo accionista, Tulio Gómez, tiene el deber de contratar a un técnico de esos apagaincendios. Un exjugador de la casa suele ser una buena opción o uno de esos que tienen un mensaje diametralmente distinto al de Torres, tosco, duro y riguroso. Hoy se necesita a alguien motivador, amistoso, uno de esos que roban pantalla corriendo por el frente del banco y arengando a sus jugadores y a la tribuna a la vez, uno que a través de la cercanía con sus jugadores les pueda devolver la confianza perdida.

Hay diferentes tipos de líderes, pero para este momento América necesita a uno que sea protagonista, que se robe el show si las cosas salen bien, pero que hoy le ponga el pecho a la brisa como todo un gladiador.

No creo que los jugadores se le paren a los técnicos; creo que la cabeza se les paraliza los resultados no llegan.

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