Por: Mario Morales

Esa vorágine

Y de pronto viene ese remolino impetuoso que el diccionario define como vorágine y las cosas, las personas, las cifras y las pesquisas desaparecen sin dejar huella. Como si nada.

Es lo que está a punto de pasar, o ya pasó, como lo publicó ayer El Tiempo, con las 1.274 investigaciones sobre presuntos falsos positivos, concernientes a 1.306 víctimas, de las cuales sólo se mantienen 492 procesos, desde 2009. Los demás naufragaron en interpretaciones de una circular de la Procuraduría en el sentido de que sólo podrían considerarse violaciones del Derecho Internacional Humanitario cuando hubiere pliego de cargos. Si acaso serán víctimas de homicidios simples o muertes en combate.

No es la primera vez, ni será la última. Aquí se suele perder todo. No sólo las personas que suman cerca de 60.000 en los últimos 30 años, también los secuestrados que pasaron, de manera súbita, de ser cerca de 3.000 a 125 en 2009 en medio de acusaciones de manejo político de las estadísticas; que son las mismas acusaciones de este año con respecto al número de secuestrados en el primer semestre; decía País Libre que habían subido a 170 y la policía que habían descendido de 143 a 96. Para no hablar de la sorpresa general cuando la guerrilla dijo que no tenía en su poder a personas secuestradas...

Increíble. Como si, antes que nada, no se tratara en todos los casos de seres humanos, historias, familias, deudos... Por eso la ONU habla de 100.000 víctimas. Y luego de los exiguos resultados en la lucha contra la impunidad, como lo indica, en la antesala de la firma del tratado de libre comercio con la Unión Europea, la Federación Internacional de Derechos Humanos.

Y más grave aún, como lo vienen señalando tantas voces, incluido el fiscal Montealegre desde hace dos meses, porque configuran el escenario preciso para la intervención de la Corte Penal Internacional, quizás el último bastión de esos millares de fantasmas que luchan contra la vorágine del olvido.

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