Por: Diana Castro Benetti

Esoterismos

En estos tiempos, esotérico significa cualquier cosa. Un fuego que arde, una visión nocturna, campanas que anuncian ángeles, ropa cómoda y hasta esencias dulces llenas de anilinas.

También puede significar la conjunción de fuerzas extrañas como rezos, posturas exóticas, la luna azul o rituales inauditos con las siete hierbas. Esotérico resulta ser todo aquello que sirve para estar menos peor o para alejar el diablo que otros y no uno, obvio, llevan dentro. Muchos comportamientos actuales llamados esotéricos derivan en sectarismos inútiles, comportamientos cerrados, excluyentes y arcaicos.

Habría que considerar un significado renovado de esta palabra amorfa. No tiene que ser sinónimo de complejidad ni un comodín para designar la misoginia, la exclusión o las propias incapacidades. Ha significado oculto y secreto en la Grecia antigua, por ejemplo, donde los oráculos eran fortalezas impenetrables, pero hoy su comprensión es diferente si estamos en la práctica de una clase de yoga al parque o en el té con amigas. Por fortuna para la palabreja y para los neófitos, la evolución de lo que se entiende por esotérico es hoy centro de meditación y que refleja el movimiento de las sociedades que se liberan de la idea del conocimiento exclusivo y excluyente. En el presente, el saber espiritual se propone, o debería proponerse, como accesible y abierto a muchos. La democratización de conceptos, prácticas y técnicas es más que necesaria para ampliar el debate y construir nuevos futuros comunes en los contextos tanto del encuentro místico como, por qué no, en los ámbitos culturales y políticos.

Esoterismos y esotéricos son hoy las maneras que tienen muchos de comulgar con la compasión y la solidaridad, avanzando hacia ideales y acciones inclusivas sin muchos misterios ni secretos. Rodear de oscurantismo a los principios de humildad, sencillez y generosidad de todo camino interior impide la confluencia de visiones más desarrolladas del bienestar y hace de la exclusión el terreno de lo perverso.

Por eso, lejos de significar exclusividades y conocimientos extravagantes e incomprensibles, hoy esotérico se refiere a toda intención interna de propiciar una comunión con otros, con el entorno y con la comprensión personal de lo eterno. Podría ser simplemente la evidencia de que sin colaboración llegaremos al descalabro como especie. Nada más esotérico que una propuesta de cuidado para sí, para el otro y para todo lo demás. Hafiz, un poeta esotérico persa del siglo XIV, diría algo así como que hay que saber escoger lo que se escucha porque no todos los infinitos son iguales.

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