Por: Juan Carlos Botero

Esta vez sí

Esta vez sí tendrá éxito el proceso de paz iniciado por el presidente Santos. Y la razón es que, a diferencia de las veces anteriores, ahora contamos con una nueva realidad política y militar, y también con varias lecciones históricas, aprendidas a la fuerza, que antes no teníamos.

Más aún: seguro tuvimos que pasar por esos ensayos previos para emprender este proceso, el cual tal vez no llevará a la paz absoluta ni al fin de todos los problemas del país, pero sí al fin del conflicto con la insurgencia armada. Y eso es algo inmenso.

En efecto, por primera vez en nuestra historia las Farc están debilitadas militarmente y deslegitimadas como opción política. Su acción criminal, secuestrando, extorsionando, asaltando poblaciones, reclutando menores, desterrando campesinos, volando oleoductos y cuidando cultivos ilícitos para financiar operativos y dominar vastas franjas del territorio nacional, se les devolvió en su contra. Por eso el respaldo de las Farc, que antes le brindaba una base popular, apoyo internacional y oxígeno político, no existe. Es irónico: la delincuencia le permitió a la insurgencia subsistir durante décadas, pero terminó socavando su legitimidad. Sin duda, hoy la guerrilla carece de apoyo y de futuro, y por eso someterse al proceso de paz y dejar las armas no es opcional: es apenas un requisito para seguir con vida.

A la vez, hoy disponemos de varias lecciones esenciales. Y la primera es ésta: ya no se muere de muerte natural en la guerrilla. De viejo, como Tirofijo. O de cáncer, como Jacobo Arenas. Ahora la muerte que le espera a cada guerrillero es inevitable y violenta. Y todos lo saben.

Otra lección: no habrá otro Caguán, un territorio despejado y usado por la guerrilla para rearmarse y cometer nuevos crímenes. Tampoco habrá cese al fuego mientras se dialoga. El acoso militar seguirá, con un Estado cada vez más fuerte y una insurgencia cada vez más débil e impopular. Según el ministro de Defensa, las capturas a guerrilleros han aumentado en un 67%, y las bajas en sus filas en un 17%. Esos números seguirán creciendo.

También la agenda es limitada, y los diálogos tienen una meta precisa, la única que importa, y figura en el título de la agenda: “la terminación del conflicto”. Este proceso, dice el presidente, “no se medirá en años sino en meses”.

Tampoco habrá desmovilización parcial de la guerrilla, lo que propició la masacre de la UP. Mientras una parte de la guerrilla cometía atrocidades, otra yacía desarmada y vulnerable a retaliaciones. El resultado fue el asesinato, sistemático y brutal, de un partido político completo.

Por último, el presidente Santos es un mandatario idóneo para llevar el proceso a buen puerto. Conoce el tema; ha liderado, como ministro y como presidente, varios de los golpes más contundentes contra la guerrilla; no es un guerrero a muerte que sólo cree en la erradicación absoluta de la insurgencia (lo cual no es realista), pero tampoco es un ingenuo que se cree los cuentos de hadas de la guerrilla. Cierto: el costo que tendremos que asumir por este proceso de paz será alto. Pero sin duda será menor que tener a un grupo rebelde activo, asesinando y destruyendo el medio ambiente y la infraestructura nacional.

En suma: quizás esta vez cese el conflicto con la insurgencia armada.

Por fin.

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