Por: Danilo Arbilla

Estaba previsto

Se ve que alguien lo frenó rápidamente a Nicolás Maduro con eso del recuento voto por voto y urna por urna, el que él había aceptado de inmediato, con tono desafiante por supuesto, pero de lo cual, según parece, se arrepintió casi enseguida.

Le deben haber dicho : “ oye chico, no te apures, tu te lo crees todo”. Una cosa es lo del ”pajarito”, o lo de la recomendación que Chávez hizo a Dios para que designe un Papa de la región, o lo de las peliculitas sobre su arribo al Paraiso, pero eso del recuento sí que no está dentro de lo previsto y ni hasta de lo imaginable. La presidenta del Consejo Nacional Electoral, Tibisay Lucena, rápidamente decretó el triunfo de Nicolas- así entre nous- y a otra cosa mariposa.

El reconocido y ya desparecido jurista uruguayo, Justino Jiménez de Aréchaga, quien presidiera la Comisión de Derechos Humanos de la OEA, decía que hay tres formas de hacer fraude en una elección: antes, durante y después. Según parece y opina mucha gente seria, en las recientes elecciones que ganó - ¿ ganó?- Maduro parecería que se dio en todas las instancias. Previsores y por cualquier eventualidad no se aceptaron observadores internacionales, serios, y solo se recibió a “ acompañantes” amigos y en particular de la Unasur.

En innegable que Maduro, lo que no debió ser, compitió como presidente encargado cuasi paraconstitucional – con el caballo del comisario como se dice –, que usó y abusó del poder y recursos del Estado y de los medios oficiales en una relación de 50 a uno con Capriles y que desde el gobierno (veánse anuncios y amenazas desde el Ministerio de Defensa y en Pdvesa, para citar las más flagrantes), presionó, advirtió y amenazó a destajo. Durante el acto todo el mundo pudo ver como había mesas con “ supervisores“ o acompañantes que seguían y guiaban a votantes, entre otros detallecitos. Y en cuanto al después, todo muy raro: apagones, trabajos “ a solas” de gente de confianza, apuro en la proclamación y toma de mando y por supuesto nada de recuento de votos. Tibisay trajo al recuerdo a aquel ministro del Interior de Somoza que con total desparpajo les decía a los nicaragüenses: “ Ustedes voten tranquilos, en libertad y a quien quieran, que después yo soy el que cuento los votos”.

Es que no era previsible que el chavismo cediera el gobierno, por unos votos mas o menos. Ya lo habían anunciado de forma mas o menos sutil, y no tanto. Es que son coherentes, no cabe dentro de su filosofía. El objetivo es obtener el poder como sea, y una vez se han hecho del mismo no lo van a entregar así como así y menos por una “ formalidad democrática“ , como han definido desde siempre a las elecciones. Chávez fue golpista, fracasado es cierto- se dice que por ineficiente y por miedoso-y luego llegó al poder aupado por la oligarquía, la que creyó que llevaban un títere propio al gobierno para acabar con el monopolio de los partidos políticos. Se equivocaron con el candidato, como también se equivocaron cuando trataron de primerear y adueñarse del poder cuando los militares, no tan metidos, comprometidos y privilegiados como ahora, sacaron a Chávez en abril del 2002.

Ahora ya Maduro cuenta con el total aval de la Unasur, lo que, según Ollanta Humala contribuye al“ fortalecimiento de la democracia”. ¿Alguien dudaba de qué decisión iba a tomar la Unasur? Sin embargo, lo que sí es casi seguro es que los observadores de la Unasur, no van a encontrar las elecciones de este domingo en Paraguay tan impecables como las venezolanas.

Y tras el “ claro triunfo”, ahora viene la represión. Puede pasar y hacer cualquier cosa. Primero porque ahora tiene datos concretos de que los que no los quieren son muchos más. Segundo porque saben que en paz y normalidad la tarea que tienen por delante es gobernar y encaminar a un país, uno de los más ricos del mundo, que el chavismos ha sumido en la miseria. Es bueno que se hagan cargo. Quizás los venezolanos tengan suerte y este cuestionado triunfo del chavismo, sea parangonable a la invasión de las Malvinas a la que recurrió el dictador Leopoldo Galtiere, hecho que fue clave para que la gente se diera cuenta y así poner fin, sin discusiones, mitos ni nostalgias de ningun tipo, a aquella dictadura.

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