Por: Gonzalo Hernández

Esteroides para la paz

El mensaje de la paz necesita un refuerzo, desfallece rápidamente. Y parece difícil que el empuje llegue con la baja popularidad del Gobierno, los escándalos de corrupción y la pesca en río revuelto de los candidatos que al buscar una posición atractiva en la carrera presidencial sugieren con irresponsabilidad que el tema de los acuerdos es cuestión del pasado.

No es catastrofismo. Lo negociado en La Habana fue ya vencido una vez por la propaganda de la guerra. Esa campaña de largo aliento que, a diferencia de la campaña por la paz, ni fue improvisada ni cuestión de euforias pasajeras previas a una refrendación popular, convenció a los colombianos, por muchos años, de que las Farc eran la fuente de todos los males. En el plebiscito, bastaron solo algunos recordatorios para relanzar al pueblo a un estado hipnótico para priorizar el castigo a la guerrilla sobre las oportunidades que trae la firma de la paz.

Como elemento de esa propaganda, fue costumbre por décadas, en lo económico, presentar a la guerrilla como el principal obstáculo para el crecimiento y el desarrollo: la gran piedra en el camino -pavimentado para llevar al país hacia el futuro. ¡Distractor peligroso! De acuerdo con esa lógica, eliminada la guerrilla, el progreso fluiría naturalmente. ¿Para qué hacer ajustes al modelo económico y al statu quo en el que unos pocos saquean al país?  

La verdad es que al remover la piedra se hace más visible la trocha polvorienta en la que se arraigó nuestro conflicto civil: una economía desigual, con élites rentistas que socavan el progreso, con una estructura productiva que no cumple con la tarea de emplear a los ciudadanos. Es decir, una economía mediocre incapaz de ser incluyente y democratizadora.

¿De qué otra manera, que no sea con apatía, pueden entonces reaccionar los colombianos ante un Gobierno que aún no ofrece los planes económicos para la reconciliación? Ahora, en la fase de implementación, los acuerdos son más frágiles que antes del plebiscito, y la indiferencia más inconveniente que nunca. El balance económico de la paz quedó estancado en la premisa de que los beneficios excedían los costos de las negociaciones. Correcto, pero ante la escalofriante indiferencia del pueblo colombiano se requiere urgentemente lo concreto.

La paz necesita esteroides: acciones claras que permitan ver los inicios de una economía del posconflicto que evite la repetición de los años de guerra. ¿Qué pasa con el Gobierno que no anuncia los aspectos específicos de la implementación de los acuerdos en materia económica? ¿Cómo tienen previsto, en conjunto con las administraciones departamentales y municipales, que el desarrollo a nivel local y comunitario sea la base del desarrollo nacional? ¿Cuál es el balance de los recursos disponibles para atender las necesidades de los primeros años?

Cuidado, nos estamos quedando sin combustible político en la defensa de la paz, y estamos compitiendo aún con la propaganda de la guerra, que más dañina que en tiempos de guerra, parece serlo en tiempos de paz.

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