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Diego Aristizábal 4 Nov 2012 - 11:00 pm

Exageración de palabras

Diego Aristizábal

Siempre me han parecido curiosos esos mensajes que de repente se les ocurren a los mandatarios después de que un hecho, supuestamente, los conmueve o los toca.

Por: Diego Aristizábal
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No importa que en Colombia todos los días ocurran cosas atroces, muertes que tendrían que dejarnos perplejos, el problema es que como somos selectivos con la indignación, todo depende, y esto también se aplica a las afirmaciones del gobernante de turno. 

Un mensaje del 30 de octubre del presidente Juan Manuel Santos en su cuenta de Twitter dice: “Nuestros corazones con las familias de los policías asesinados mientras cumplían su deber. Estos crímenes no quedarán impunes”. Esta declaración a raíz de la emboscada ocurrida en el norte del Cauca por el sexto frente de las Farc parece sensata, desde luego es necesaria, aunque en el fondo deja un mal sabor porque entra en esa dinámica selectiva de la indignación que menciono. 

En su cuenta de Twitter no hay palabras para la familia de Elíder Varela, más conocido como “El Duke”, quien fue asesinado el 30 de noviembre en Medellín. Con éste ya son nueve los raperos que asesinan en la Comuna 13 en los últimos años. Tampoco hay ninguna mención sobre la explosión en Pradera, Valle, donde la noche del Halloween resultaron heridas más de 30 personas, de las cuales la mitad eran niños. Ambos hechos no merecieron el enfático: “Estos crímenes no quedarán impunes”, como tantos otros que ocurrieron en todo el país la semana pasada, el mes pasado, en tiempos tan pasados que ya nadie recuerda, y que por lo mismo al Presidente y a muchos colombianos no les importa su final.

Es clarísimo cómo se categorizan los crímenes y cómo hay muertos de primera, de segunda, de tercera y de no sé cuántas más categorías. No creo que tenga que enumerarlos para que el lector entienda cómo se jerarquizan las recompensas, las búsquedas, el interés público; al fin y al cabo, la reina en Colombia es la impunidad, por eso se evoca enfáticamente cada que se puede para que los ingenuos crean que el Estado trabaja mucho por esclarecerlo todo.

No es un secreto, por ejemplo, que desde que se expidió la Ley 975 de 2005 o Ley de Justicia y Paz, hasta la fecha solo hay 17 sentencias en firme y ya son siete años de la ley; ésta, sin duda, como me dijo alguien que trabaja con el tema, es una ley de impunidad porque quienes deberían responder hoy están extraditados. 

Y así el Presidente se la pasa declamando cada que le parece que éste, y no otro crimen, no puede quedar impune, como si así, por arte de magia, se judicializara a los culpables. No basta con decir pan para que aparezca uno. Las palabras sin acción no sirven. A veces sería preferible no dar declaraciones pero dar resultados. No evocar la justicia sino que se aplique para que todos los colombianos incrédulos de esa “impunidad” manida digamos felices: efectivamente éste y aquel crimen no quedaron impunes. Para eso faltan más que palabras.

 
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