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Julio Carrizosa Umaña 17 Jun 2013 - 11:01 pm

Sobre el Sistema Nacional Ambiental

Éxitos y fracasos en el ambiente

Julio Carrizosa Umaña

La práctica de la gestión ambiental nos induce a desconfiar de las simplezas y a reconocer la complejidad de los problemas, a darnos cuenta de que, además de las instituciones y de las personas, el ambiente físico, biológico, económico, político y social, con todos sus azares, interviene en la realidad.

Por: Julio Carrizosa Umaña
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Eso se dijo en la Universidad Nacional en la conmemoración de los 20 años del Sistema Nacional Ambiental y eso mismo se debería decir cuando se analizan los problemas tremendos que surgen diariamente: el del POT, el de la altillanura, el de la constituyente...

Una de las peores taras de nuestra cultura es nuestra propensión a simplificar los problemas y a tratar de resolverlos con simplezas. Según Edgar Morin ese es un problema mundial; “vivimos bajo los principios de disyuntiva, reducción y abstracción, lo que llamo el paradigma de simplificación”, escribió hace poco. Nos negamos a reconocer la complejidad de la realidad y para eso la dividimos en blancos y negros, desdeñamos lo que no comprendemos y tratamos de sintetizarla en pocas palabras.

Esa tendencia coincide con la vulgarización y consiguiente simplificación de las aproximaciones teóricas de la izquierda y de la derecha, proceso que se realiza sistemáticamente desde el siglo pasado.

La creación del Sistema Nacional Ambiental, el Sina, fue un reconocimiento de esas complejidades generalmente despreciadas. Surgió en uno de esos momentos históricos en que Colombia percibe su razón de ser, meses después de la creación de la nueva Constitución, cuando muchos creímos que el país podía ser diferente, y gracias al esfuerzo de Manuel Rodríguez Becerra y a la acción del Congreso de esa época excepcional. Infortunadamente no pasó mucho tiempo antes de que el narcotráfico y la debilidad de los dirigentes políticos nos condujeran nuevamente al caos y fue en esos días cuando se trató de poner en operación al Sina, en medio del desconcierto y signado por la desconfianza y por el fortalecimiento de la oposición armada y del paramilitarismo, ganadores ambos en la rápida caída de la credibilidad del establecimiento.

 

En sus veinte años de vida el Sina, sistema que reúne al Ministerio del Ambiente y el Desarrollo Sostenible con las corporaciones autónomas regionales, con los institutos de investigación vinculados y adscritos, con las secretarías de Ambiente de distritos, municipios y gobernaciones, con las unidades ambientales sectoriales y con todas las instituciones privadas, ONG y personas que trabajan el tema, decenas de instituciones y miles de personas, ha tratado de cumplir sus extraordinarias funciones en medio de la guerra, el narcotráfico y la corrupción. Decir que ha sido inútil sería una simplificación inaceptable: continúa siendo el esfuerzo ambiental más inteligente en toda América Latina. Sus éxitos corresponden a las conjunciones eventuales del poder, el saber y la emoción de instituciones, funcionarios y ciudadanos interesados en mejorar el país; sus fracasos a todo lo demás. 

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