Por: Piedad Bonnett

Falla humana

Cuando leí que se atribuía la  inundación del llamado deprimido a una “falla humana”, recordé una anécdota familiar de esas que se quedan grabadas por graciosas o por absurdas: estábamos en la ciudad de Oaxaca y nos disponíamos a hacer un viaje por tierra, lo que ameritaba madrugada, porque íbamos hasta un lugar lejano. La noche anterior guardamos el carro en un parqueadero público, previa conversación con su administrador, quien nos garantizó que al día siguiente, sábado, abrirían a las siete de la mañana, así que no habría problema. Él mismo estaría allí para abrirnos, nos aseguró. Lo demás ya pueden imaginárselo: una familia de cinco personas esperando con sus maletas a las puertas del parqueadero, y no 20 minutos sino hora y media impaciente e indignada. Cuando casi a las nueve llegó aquel caballero con cara de guayabo, lo que atinó a repetir frente a nuestro reclamo, con tono compungido y a manera de disculpa, fue: “es que errar es humano”. Algo que para Quino estaba claro cuando, con su maravilloso humor, puso en una caricatura esa sentencia en el portal del quirófano que el paciente de la camilla mira aterrado.

Sí, errar es humano. Pero no tanto: esa no puede ser la disculpa que nos salva de responsabilidades, grandes y chicas. La “falla humana” del deprimido no fue sólo la del operario que salió corriendo porque también se inundaba su casa, sino la de Codensa, que según informan no ha inventariado las redes de energía, pero posiblemente también del IDU —Codensa dice que el IDU no ha solicitado el servicio— y finalmente del alcalde y su equipo, que inauguraron el deprimido sin este requisito. La noticia nos hace sonreír, por todo lo que hay en ella de absurdo, pero bien podríamos estar lamentando hoy varias muertes. ¿Ven ustedes cómo falla la cadena de responsabilidades? Y a eso llaman “falla humana”. La misma que podemos atribuirle al conductor de la “mula” que arrasó con un bus lleno de niños, o a los constructores del edificio Space o del que no hace mucho se cayó en Cartagena, matando a varias personas. Y a tanto chambón que hay por ahí: el operario de la compañía que hace la conexión de redes de cualquier manera, provocando daños posteriores; el que repara el pavimento alrededor de alcantarilla y lo deja en tan desnivel que provoca daños en los carros; el médico que deja la aguja dentro del paciente; el dueño de la lancha que no le facilita salvavidas a los turistas, y tantas otras barbaridades de las que cada tanto nos enteramos.

“Falla humana” en el mundo del subdesarrollo suele ser sinónimo de falta de rigor, negligencia, importaculismo, y convicción de que “eso no pasa nada”. Pero también ausencia de supervisión de las autoridades y de castigo aleccionador. Se trata, en últimas, de un relajamiento generalizado, de una mentalidad en la que los niveles de exigencia son bajos, como resultado de la educación laxa y de la permisividad social. Es sabido que el alto nivel de bienestar general de la sociedad en algunos lugares, como Japón o los países nórdicos, es el resultado de la combinación de una presencia fuerte del Estado y niveles de exigencia muy altos en la educación y el trabajo, que promueven la autocrítica y la responsabilidad. Aquí, por el contrario y desafortunadamente, lo que prevalece es el “deje así”.

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