Por: Santiago Villa

Falso positivo en lucha contra las Bacrim

Dos supuestos "urabeños" fueron capturados el viernes por la Sijín en Palomino, Guajira. Los vecinos aseguran que se trata de un falso positivo.

“Llegaron a las seis y cinco de la mañana y nos trataron de forma grosera”, me dijo ayer Ruth Bohórquez, una comerciante de la población de Palomino, en La Guajira. “Los policías dijeron que nosotros pertenecíamos a la banda de los Urabeños, pero eso es mentira. Nosotros somos inocentes. Estamos confundidos y asustados”.

La señora Bohórquez y su esposo, Adolfo Díaz, fueron arrestados el 16 de noviembre de 2012, luego de un allanamiento en el que la Seccional de Investigación Judicial (Sijín) buscaba armas que jamás encontró. Nos obstante los llevaron a Riohacha, donde permanecen presos y acusados de pertenecer a bandas criminales.
Doña Ruth y don Adolfo tienen una modesta tienda en Palomino, Guajira, donde venden gaseosas y otros víveres. También prestan plata de forma informal, como lo hacen muchos otros comerciantes de Colombia. “Les presto de a veinte o quince mil pesos (sic), pero es porque ellos lo necesitan. Tal vez eso confundió al testigo que tiene la fiscalía. Un mototaxista que es el que nos acusa”.

“La imputación se basa en el testimonio de un mototaxista anónimo que ni siquiera conoce a la pareja. Él sólo dice que alguien le dijo que ellos trabajaban con las bacrim y que extorsionaban”, afirmó Damián Mejía, abogado defensor de estos comerciantes.

Los vecinos corroboran lo dicho por esta pareja.

“Ruth es una mujer muy trabajadora. La quieren mucho los muchachos de la Javeriana que tienen un proyecto para territorios especiales, porque los guía y les ayuda a encontrar dónde quedarse. Adolfo también es muy atento. Ambos son muy colaboradores con la gente y con los turistas.”, dijo Marta de Zubiría, una bogotana que lleva tres años viviendo en Palomino. “Además”, añadió, “Ruth se hizo cargo de su suegra ciega”.

En efecto la suegra de Ruth, que es la madre de Adolfo, depende de la pareja para subsistir. Desde el arresto de los comerciantes, su hija de nueve años y la suegra ciega han quedado al cuidado de Natividad Mesía, una cuñada de Ruth.

“Yo creo que la policía encontró un volante de los Urabeños en su casa”, dijo Marta, “que es el que recibimos todos, y pensaron por eso que era de las bandas”.
Como la mayoría de los comerciantes de Palomino (y los de todas las regiones en las que estas bandas asolan a los ciudadanos), Ruth recibe permanentes amenazas: “Nosotros somos víctimas”, dijo: “Es que lo más triste de todo es que a nosotros nos extorsionan. Nos cobran mensualmente ciento cincuenta mil pesos desde hace tres años”.

La presencia de los Urabeños en Palomino es cada vez más déspota. Según la prensa local la extradición en el 2008 de Hernán Giraldo (el paramilitar que dominaba la zona y que mereció el apelativo de “El Taladro” por ser un violador en masa) motivó una lucha entre sus herederos por el poder en la Sierra Nevada. Los Urabeños parecen tener la ventaja, como sucede hoy en casi todo el país.

La policía intenta mostrar resultados en un contexto en el que la gente es temerosa de colaborar, y en el que hay un profundo escepticismo con respecto a la pulcritud y a la eficiencia de su trabajo. “Creo que la policía y el ejército están sentidos porque la gente dice que no sirven para nada”, dijo Marta.

De hecho, Ruth considera que su arresto se debe, en parte, a no haber colaborado con la policía: “Creo que la Sijín tiene algo contra mí porque me pidieron que colaborara y yo no quise. Lo que pasa es que no puedo colaborar con ellos porque yo tengo mi familia”. Ruth teme que si colabora las bandas tomen venganza.
El suplicio de la señora Bohórquez y el señor Díaz seguramente será registrado por las cifras oficiales como dos capturas a miembros de las bandas criminales, y contarán en los cálculos de fin de año como éxitos en la guerra contra los “Urabeños”.

Twitter: @santiagovillach

Buscar columnista