Por: Hernán Peláez Restrepo

Faltando un minuto

En un viejo tango se dice: “faltando un minuto iban cero a cero”... y después vino el gol solitario. Esto para ilustrar cómo en la jornada del sábado varios equipos sufrieron ese castigo en el resultado, aunque es de común ocurrencia en el fútbol.

Surge entonces la pregunta: ¿cómo hacer para sostener la ventaja ? ¿Defenderse, atacar, perder tiempo?

Obviamente al Real Cartagena y al Deportes Tolima, que en casa ganaban dos a cero en un pasaje del partido, los debe mortificar, al menos a sus técnicos, cómo conjurar y atajar en esos casos el exceso de confianza de sus planteles. No existe otra razón, porque un equipo que está perdiendo por dos goles de diferencia sabe que un gol no solamente acorta la distancia sino que recibe una especie de inyección de ánimo y de pronto pasa de perder tres a uno a empatar. Así ocurrió en estos dos casos y, para ratificar lo anterior, el Envigado después del empate fue por el triunfo y ganó.

Son los jugadores quienes deben avisparse del asunto. Cuando sienten que les marcan el descuento, la necesidad de desechar actos de confianza excesiva debe ser inmediata. Volver a controlar el juego e imponer seriedad para reiniciar ataques son en definitiva los mejores argumentos para neutralizar el empuje del rival. Replegarse a esperar la iniciativa del contrario es peligroso, como ocurrió con Cartagena y Tolima. Este último inclusive tuvo la ventaja supuesta de disputar el último tramo del juego con un rival diezmado por la expulsión de dos jugadores: la de Teo Gutiérrez, justa, y la injusta de Víctor Cortés.

Millos consolidó su liderazgo en el torneo de la casa, porque fuera de Colombia le va muy mal. Faltando tres minutos para el cierre, por un remate devuelto por un vertical y la aparición de Moreno para certificar la clasificación. Los azules, como pasa con la gran mayoría de nuestros equipos, ven pasar las fechas y no consiguen estabilizar una buena pareja de delanteros. Entran, salen sin continuidad, entonces los equipos van adquiriendo más formas defensivas que agresivas en ofensiva.

Dos detalles finales. En Ibagué se había anunciado la salida del paraguayo Robin Ramírez. Se estaba esperando la interrupción del partido para el cambio. Pero en ese momento Ramírez convirtió el segundo gol y enseguida de los abrazos, y dejando a su equipo con dos a cero, salió para cumplir con el pensamiento del técnico. Ni a él ni a nadie le parecía oportuno después del gol. El técnico Castro no varió su criterio y hoy le cobran ese detalle. Quizás no tenga nada que ver con el resultado, pero de algo hay que pegarse...

El Cali pierde el año, así de sencillo. Tiene su plantel todo. Les pagan superbien y cumplido, disponen de comodidades, están cobijados por una junta paternalista, y sin embargo carecen de sentido profesional. No es solamente sudar la camiseta y correr... es el comportamiento dentro y fuera del campo, la seriedad para entrenar, jugar y prestar un servicio a una empresa que les cumple.

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