Por: Uriel Ortiz Soto

Farc: sin unidad de mando

Toda institución militar debe tener un orden jerárquico meticulosamente estructurado de conformidad con su orientación y formación ideológica, a los cuales sus combatientes y personal logístico le deben sumisión y obediencia.

De lo contrario, empiezan a filtrarse brotes de indisciplina que conllevan finalmente al caos y la anarquía.

Este parece ser el caso de las Farc, puesto que con sus propuestas de tregua primero unilateral, y ahora bilateral, no reúnen los más mínimos requisitos para creerles que, sí, van a cumplir, puesto que acaban de demostrar con la reciente tregua que la unidad de mando está resquebrajada, dado que los diferentes frentes actúan como ruedas sueltas, aplicando sus propios criterios y sin importarles las órdenes dadas por sus superiores.

Es indudable que todos queremos la Paz para nuestro País, y dejar a las futuras generaciones la mejor herencia, para que eviten contar a nuestros hijos, y nietos, las horribles historias de una guerra estúpida, sin ideologías y con propósitos oscuros, pero que tiene nuestras regiones sembradas de tumbas y calvarios por todos los pueblos y veredas de la Patria; fuera de los millones de desplazados, discapacitados, lisiados, millones de mujeres violadas; destrucción de carreteras, escuelas, oleoductos, iglesias, cuarteles de policía, viviendas campesinas, en fin, toda una catástrofe sin ninguna razón de ser.

Lamentablemente, cuando se empieza a dialogar sobre premisas falsas, salta la cizaña, y la desconfianza queda incólume en la conciencia de sus receptores para analizar las propuestas. Quienes escuchamos decir en la instalación de los diálogos de Paz, a los negociadores de las Farc, que “no son secuestradores”, “ni tampoco agentes y empresarios del narcotráfico”, nos quedamos más que abismados y no podíamos dar crédito a lo que estábamos presenciando. Fue cuando empezó a desvanecerse la confianza en el nuevo proceso de Paz, que para ser sinceros, con la violación a la tregua decretada por dos meses -del 20 de noviembre al 20 de enero-, con frecuentes violaciones, queda claramente demostrado que quienes se encuentran representándolas en la Habana – Cuba, no manejan los resortes de autoridad y mando sobre los 57 frentes existentes en las diferentes regiones del País. Es un mal mensaje de parte de las Farc, para el Pueblo Colombiano y la Comunidad Internacional. Según el ex diputado Sigifredo López, podrían estar representando apenas del 30% de la organización narcoterrorista.

Analizados todos estos temas y comportamientos de las Farc, podemos decir sin lugar a equívocos, que el proceso está pendiendo de un hilo. Es bueno que no nos hagamos muchas ilusiones, puesto que una de las principales argucias de este grupo subversivo es el de la mentira y el engaño. No es que lo digamos ahora, las experiencias pasadas nos lo han demostrado muy claramente. No podemos admitir que con semejante historial delictivo y narcoterrorista, quieran ahora sacar pecho para hacerle creer al mundo, que es el Gobierno quién no quiere avanzar, no se compadece tampoco su arrogancia casi que dando órdenes de Estado, para que vayamos a arrodillarnos frente a sus conciencias putrefactas por las miles de víctimas que han muerto y desaparecido por su culpa.

Terminada la segunda ronda de negociaciones, salen con otra perla: que las 715.000 hectáreas que les han arrebatado a nuestros campesinos en forma violenta, son invento de sus enemigos. Tampoco nos dan razón de los casi 900 compatriotas que fueron secuestrados y se encuentran desaparecidos. Otra salida en falso del grupo narcoterrorista, es no aceptar que los millones de desplazados que se encuentran engrosando los cinturones de miseria de las áreas urbanas, son la consecuencia de sus actos criminales elevados a delitos de lesa humanidad.

Considero que antes de continuar con el procesos de paz, en cabeza de nuestro muy diligente Humberto de la Calle Lombana, debe conminarse al grupo negociador, para que se sincere y diga la verdad sobre todos estos hechos que han negado públicamente, y que les ha valido el repudio Nacional y Mundial, por atreverse a desconocer que son los artífices de todo un inventario de desgracias que saltan a la vista y que toda la opinión pública conoce.

Es indudable repetimos, que queremos que el procesos de Paz llegue a feliz término, pero, sobre verdades ciertas, sin ocultamientos, engaños, ni mentiras. Lo que menos podemos aceptar en que se firme sobre bases falsas y con personajes que a lo mejor no tienen la auténtica representación de los más de cincuenta y siete frentes guerrilleros dispersos por todo el País.
Una Paz de rodillas, equivales a una derrota vergonzosa. Es preferible seguir ejerciendo el principio de autoridad tal cual lo ordena la Constitución Política.

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