Por: Antonio Casale

Federer, humano

Roger Federer se convertirá hoy oficialmente, en el humano que más tiempo ha estado en el número uno del escalafón mundial.

Pero mas allá de sus 17 títulos de Grand Slam y sus otros tantos récords, que lo hacen el mejor tenista de la historia, hay otros factores, más humanos, que vale la pena mencionar para que Federer sirva como un espejo con el que logremos resultados positivos en nuestras labores diarias.

El suizo, contrario a la tendencia de la sociedad, demuestra que familia y profesión pueden convivir. Junto con su esposa Mirka Vavrinec, una de las tantas gorditas que desmitifican que es mejor ser flaca, son padres de Myla Rose y Charlene Riva, dos pequeñas gemelas. En un mundo tan complejo por las giras y demás, pocos son los tenistas que se atreven a hacer familia mientras están en actividad. A muchos, sus entrenadores les prohíben incluso tener novia. Pero Federer no sólo se las arregla, sino que públicamente dice que los suyos constituyen el núcleo esencial de la vida. Sabe el suizo que familia que permanece unida jamás será vencida.

Federer no es una rockstar. No es portada de revistas de alta sociedad ni los paparazzis viven detrás de él para pillarlo con una voluptuosa modelo, como sucede con tantos deportistas exitosos alrededor del mundo. Por el contrario, es mas bien “ñoño”, su imagen se ha creado alrededor de sus logros deportivos y no de su aspecto físico o sus actividades fuera de la cancha. Aun así, las más prestigiosas marcas se pelean por llevar su imagen en sus anuncios. Federer es sinónimo de sobriedad, tranquilidad, éxito y, sobre todo, sencillez. Es todo un antihéroe contemporáneo, y esa, precisamente, es la genuina imagen que lo hace distinto.

Por otra parte, mientras todos los tenistas se quejan de lo apretado que es el calendario anual del tenis, aunque en su tiempo libre no desaprovechen la más mínima oportunidad de ganarse unos dólares de más en una exhibición, Federer simplemente dice que disfruta jugar tenis, que ama su actividad y que entre más tiempo pueda estar en una cancha, más feliz va a estar. Es ese amor por su profesión el que, sin duda, lo mantiene alejado de lesiones y tensiones, imposibles de abrazar cuando la actividad a la que un hombre se dedica es también su hobby.

Pero no todo ha sido fácil para Federer. Al comienzo, su carrera no despegaba pues tenía un enemigo íntimo, la mentalidad, debilitada en un principio por un fuerte carácter que lo hacía perder el control. Por eso no fue fácil llegar a la cima, lugar al que arribó sobre los 22 años, cuatro después de su ingreso al circuito profesional, es decir, tras un verdadero proceso. Tal vez su carrera esté llegando a su final y este tramo como número uno le dure poco. Lo cierto es que su historia es digna de contársela millones de veces a nuestros niños y compatriotas en general, a ver si mirándonos en ese tipo de espejos aprendemos a ganar.

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