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Andrés Hoyos 6 Nov 2012 - 11:00 pm

Festina lente

Andrés Hoyos

El oxímoron latino del título, muy apreciado por el emperador César Augusto, significa “apresúrate lentamente” y encapsula, creo yo, un problema muy actual: la vida es cada vez más rápida, pese a que casi nada derivado de la rapidez tiene valor perdurable.

Por: Andrés Hoyos

Están las carreras de todo tipo en las que por definición hay que llegar primero a la meta, y están las máquinas que hacen cada vez más rápidamente las labores que los humanos les encomendamos. La digitalización del mundo contemporáneo ha creado una ilusión de velocidad permanente. Ya todo —nos dicen— será raudo; nada tomará tiempo. Bueno, apenas la vida toma tiempo.

Los mercados, ahora controlados en parte por máquinas, pueden dar brincos increíbles en centésimas de segundo, para no hablar de los cambios de valoración que caben en una jornada. Digamos, sin embargo, que uno entiende que los negocios sean así: la velocidad de transacción hace parte de su productividad. Lo que resulta mucho más cuestionable es que esta velocidad económica se apodere de nuestras vidas con tan poca resistencia.

En radio hay que contestar rápido, so pena de ser considerado medio sonso. Me han invitado en ocasiones y me ha sucedido que la respuesta de veras interesante, la que quizá hubiera zanjado alguna idiotez rauda que alguien dijo por ahí, me venga a la mente al día siguiente cuando me estoy duchando. Claro, no cometo la barbaridad de llamar a la emisora a decir: “ya lo tengo, ya lo tengo”, porque me enviarían directo al manicomio.

La comida rápida es hoy fuente de obesidad y de varias enfermedades. Aun así, tiene más éxito y vende mucho más que la comida lenta, la cual para defenderse ha tenido que conformar un movimiento internacional de gente sofisticada llamado Slow Food.

¿Un libro largo? Imposible, nadie tiene tiempo para leerlo, así sea magnífico. ¿Pero por qué sí hay tiempo para leer tres libros medianos y mediocres que sumados contienen más páginas que el libro largo rechazado? Aunque el cine es un arte maravilloso, tiene un reto muy difícil de superar: el de su propia velocidad. Sucede que cualquier película que dure más de dos horas y media ya es larguísima y esto obliga a contar todo en forma atropellada. Esta inevitable velocidad narrativa del cine, que no solía señalarse con claridad, ha sido puesta en evidencia por las largas y lentas series de televisión que duran entre 50 y 100 horas y que llegan a profundidades psicológicas y sociopolíticas con las que una película no puede ni soñar.

Pocas son las cosas que a estas alturas no están medidas en función del tiempo. Hay que resolver el problema antes que el otro estudiante, todo examen tiene un horario límite, los jueguitos de computador nos tasan según las estadísticas de duración. Los estudiantes que se gradúan jóvenes son considerados más inteligentes que los demás, sin que se entienda que lo único sensato es lo contrario: prolongar la vida de estudios en la que uno tiene libertades que luego la vida empieza a recortar sin piedad.

La velocidad a la que estamos sometidos no es inocua. No sólo es fuente de stress, sino que la acumulación de opciones hace que caigamos en lo intrascendente, en lo repetitivo. La suma de dos velocidades no da una lentitud. Clarice Lispector lo dijo de forma lapidaria alguna vez: “Cambie, pero comience despacio, lo que importa no es la velocidad sino la dirección”.

 

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el palabrista

Mie, 11/07/2012 - 20:54
Buena reflexión. Agregaría que la velocidad como valor en sí mismo es causa y efecto de la lógica del capitalismo tardío, que se consolidó como el discurso hegemónico desde mediados del siglo pasado.
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luigi rodini

Mie, 11/07/2012 - 18:06
sempre bienvenidas las solicitaciones a la calma y ponderacion al dejar 1 poco que la vida llegue....
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leinadsajor

Mie, 11/07/2012 - 13:32
Cuando Guardiola lo ganó todo en el 2008-2009, seis títulos, dijo algo así como que no iba a saber que había logrado sino hasta varios años después, porque todavia no lo podía digerir bien. Así es la vida una corredera hasta volverse viejo y empezar a recordar que fue lo que se hizo y se dejó de hacer.
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Ji-Rafo

Mie, 11/07/2012 - 12:45
Me gusta su reflexión. Escribo rápido para que no se me vaya la idea que debe caber en este cuadro. La vida se pasa veloz sin saber a qué horas me salieron canas. LA montaña rusa, con su velocidad torturante, es la metáfora de estos tiempos.
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Patecaucho Cibernético

Mie, 11/07/2012 - 10:57
Leí todas las columnas de opinión de hoy miércoles y, la suya, señor Andrés, me pareció la mejor, aunque no genere la eterna polémica que genera Uribe, Ordóñez, piedá o Lafar.
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Indoamericano

Mie, 11/07/2012 - 10:20
profesor Hoyuos, muy buena su reflexion y reitera que loq ue se "masifica " por lo general se pudre. Claro que hay que leer mas rapido pero leer cosas buenas y no los ladrillos de muchos que pasan por intelectuales o sin serlo.
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