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Jaime Arocha 15 Abr 2013 - 11:00 pm

Filtros para la exclusividad social

Jaime Arocha

La pareja extranjera invitada al ciclo de conferencias tomó un taxi para regresar desde la universidad hasta el hotel. El conductor se pilló que ella no hablaba español y con malicia le propuso a él conseguirle una negrita mejor que la que llevaba. Para el taxista, una mujer afroamericana acompañada por un hombre blanco tan sólo podía ser una prostituta.

Por: Jaime Arocha
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Este suceso vergonzoso engrosa las noticias sobre las frecuentes y graves agresiones y exclusiones de las cuales es víctima la gente de ascendencia africana, incluyendo el insulto en un supermercado de Cartagena del cual fue objeto una profesora negra de la Universidad Nacional; la puñalada que por ser negro recibió el joven Jimmy Navas, quien más tarde parece haber fallecido por la desidia con la cual trataron sus heridas en el hospital al cual fue remitido; así como la traba de la cual fue objeto la actriz Diana Caicedo cuando el 25 de marzo trató de entrar a un afamado restaurante de Bogotá. Pese a que la organización Chao Racismo exoneró al establecimiento, para una de nuestras estudiantes, la exreina de belleza habría sido víctima de un “filtro”. ¿Un qué?, pregunté. Respondió que hoy en día en el argot de los jóvenes, la palabra designa a las mujeres hermosas que los mejores restaurantes, bares y discotecas contratan para excluir a quienes consideran indeseables. Explicó que varias compañeras de ella se habían ayudado en sus estudios desempeñando ese oficio. Para que las seleccionen, tienen que ser esbeltas, de piel clara, ojalá de cabellos rubios, aunque los negros y castaños se valían si también eran largos y lisos. Deben vestir ropa de marca, oscura y recibir adiestramiento acerca de los tipos raciales inadmisibles, comenzando por los hombres y las mujeres negras, aunque pueden dejar pasar a ciertas “mulatas” por lo exóticas. La decisión depende de la ropa y los accesorios. A una filtro bien entrenada, le basta una mirada para diferenciar un reloj Tag Heuer original del chiviado o distinguir una prenda Salvatore Ferragamo de una Zara.

Otra alumna habló de los valets, quienes no sólo parquean los carros, sino que usan sus equipos de comunicación para informar —digamos— que “una guisa” se acaba de bajar de un beeme, para que en el siguiente nivel decidan dónde localizarla, en caso de que no todas las mesas estén “reservadas”. Una equivocación ocasiona la reacción airada de la clientela que consume servicios de exclusión, la angustia de la administración por los efectos negativos sobre la oferta de privilegios sociales, y la promesa de no repetición que hace la joven filtro. Las penurias de estas últimas empleadas completan una trilogía de complicidades alrededor del tráfico de la exclusividad como prueba de ascenso social, con paralelos en el conjunto cerrado bajo vigilancia armada, y las propiedades rurales usurpadas y protegidas mediante esa violencia paramilitar que ha llevado al Estado colombiano a comparecer ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

¿Correctivos? No conozco pruebas de que la Ley Antidiscriminación haya desvertebrado estos triángulos de segregación. De ahí que hasta en ese sentido uno mire las zonas de reserva campesina por venir como paradigmas de inclusión.

  • Jaime Arocha | Elespectador.com

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