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Iván Mejía Álvarez 10 Dic 2012 - 10:37 pm

La final

Iván Mejía Álvarez

Millos ratificó su excelente campaña durante el semestre y logró llegar a la final. El objetivo, la estrella 14, va jugando, está en disputa. Excelente.

Por: Iván Mejía Álvarez
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Medellín se sobrepuso a unas situaciones muy adversas en las que fue “tocado” por el combo arbitral de los “que sabemos”, dirigidos por la mano siniestra del “que sabemos”, el mismo padrino de Restrepo, Lamoroux, Machado y otros que dejan una estela de desconfianza en sus juicios y en sus fallos. Cuando tenían todas las de perder, lograron jugar el partido del semestre ante Junior y después remataron ante Quindío, para meterse en la final. Y en el cuadrangular, le hicieron cuatro de seis al que había que hacérselos, al encopetado y rico rival. Ahí están, con una gran dosis de fortuna, con esos goles de infarto, sobre el tiempo, y con esa suerte del campeón.

Los dos llegaron por métodos diferentes. Millos por continuidad de campaña, picando en punta y manteniéndose sólido. Medellín llegando desde atrás, como los pura sangre de verdad, tan sufrido como generoso en el esfuerzo.

Medellín es la imagen de la táctica pura: bloques cortos de presión, defensivo, arrinconándose, para pegar el aguijonazo en la transición, muchas veces con problemas de ataque porque no sabe abrir los espacios y, por el contrario, los cierra con las diagonales de Zapata y Pérez, con la intermitencia de Sebastián Hernández y la soledad de Cano al que le falta buscar más, al que le llegan pocos servicios, pero cuando lo utilizan, él responde. Y con la importancia de la dupla, Viáfara-Henríquez, recuperan la bola para que John intente conectar y activar a sus tres volantes, pero con su poderosa pegada de media distancia en movimiento y con balón detenido. No es fácil ganarle al DIM, cuesta, hay que sufrir, hay que mantenerse alerta para aprovecharle los “cortocircuitos” que tiene el equipo y esos 45 minutos que generalmente regala mientras “estudia” y controla al rival.

Millos es más lírico desde la época de Páez, pero con Torres, ha aprendido que los marcadores se cuidan, se respaldan; los partidos se cierran. Le falta potencia ofensiva y muchas veces su volumen de juego en la mitad, la circulación y el toque terminan siendo tan lentos como anunciados. A este equipo que genera juego, que construye acciones de gol, le falta un “matador” del área que concluya la abundante elaboración. La importancia del panameño Torres en defensa es monumental. Una cosa es con él y otra sin Román. Millos depende mucho del día de Máyer, si está clarito o amanece nublado. Llegaron por diferentes caminos y utilizan métodos distintos, pero el objetivo final los identifica; sólo sirve ser campeón.

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