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hace 30 mins
Por: Hernán Peláez Restrepo

Final verdiblanca

Como era de esperarse, Nacional y Cali, que oficiaron de locales en la definición de finalistas, lo consiguieron en juegos no muy vistosos. Por supuesto que el campo para jugar en Medellín no extendía alguna invitación a juego fluido y claro.

Pero vamos por partes. El Cali contó con dos valores que merecen el reconocimiento. Su arquero Pablo Mina, quien resolvió con solvencia la tenacidad de Hernández del América, quien intentó con centros complicados para la defensa caleña y uno que otro remate. El otro determinante resultó Nicolás Benedetti, no solamente por el gol, sino por su movilidad y alegría para jugar. A ello es preciso agregar el soberbio gol de Orejuela, que frenó los ímpetus americanos que, a propósito, no puede archivar su tradicional uniforme rojo, pues por superstición ignoraron aquello de que son los Diablos Rojos.

Ganó el Cali que, como es habitual, recurre siempre a la pausa y la repartición de juego del veterano Máyer Candelo, quien ingresa para aquietar las aguas cuando el rival presiona. Dos a cero y a pensar en lo que viene.

Nacional y Millonarios, por las condiciones del terreno, durante los 90 minutos jugaron a lo que saliera. No podía haber orden, ni menos intenciones para generar un juego asociado. Ibargüen transitó, o al menos eso intentó, por varios sectores. Duvier en solitario soportaba la marca pegajosa de Alexis Henríquez y todos los actores presentes hicieron esfuerzos para acercarse al arco rival. En eso Armani, como siempre, evitaba al máximo las llegadas azules y Vikonis, seguro, fue sin embargo sorprendido en el cabezazo que devolvió el horizontal y que Dayro, oportuno, transformó en el tiquete para la final.

Cuando estábamos pensando en la definición desde el punto penal, se cumplió una verdad de a puño en el fútbol. Mientras no termina, no termina.

El juez Sánchez, que da muestras de ser uno de los pocos árbitros confiables, protegió más de la cuenta a Henríquez y Cadavid, dos zagueros serios, fuertes, que van con todo y a veces en exceso. En cambio no ocultó cierta bronca con Riascos. No le dio ninguna acción y fueron varias en las que lo “atendieron” con cariño.

Se apreció más fútbol, sin ser una maravilla, en el Cali-América. Se les perdona a los de Nacional-Millos porque era más complicado dominar y acomodarse al campo que manejar el balón.

Ahora entre los verdes está el título. Cali y Nacional, con tinte verde, llegaron a la final. Puede cuestionar si lo merecían, pero los goles a la hora de la verdad son los que valen.

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