Por: Paloma Valencia Laserna

Firmar con las Farc no debe llamarse paz

Cuando se busca la cesación de las acciones violentas de un grupo ilegal no se puede pensar sólo en los términos de la negociación con ese grupo; hay que considerar las víctimas y más aún, el colectivo social.

No se deben confundir los anhelos con los resultados alcanzables, y se deben atender las lecciones del pasado y valorar las consecuencias no visibles hacia el futuro.

Lo ideal es no tener que ceder ante los violentos; porque las cesiones son obtenidas por un proceso de extorsión. Ceder además convierte el crimen en una vía alterna para la obtener réditos; lo legitima. Infortunadamente nuestro conflicto que se prolonga como la historia misma y la incapacidad del Estado para protegernos, nos ha llevado a concluir que para evitar más sangre tenemos que entregarle a los violentos lo que no merecen.

El negocio que pretende el cese de las acciones violentas de las Farc –y no la Paz- no puede costar más que lo justo; no podemos menospreciar sus costos indirectos. Las concesiones pueden incentivar conductas como las de las Farc. ¿Cómo lograr que los otros –varios- grupos armados ilegales no aspiren y esperen para ellos, los mismos beneficios y se mantengan en la violencia?

Si para algunos la injusticia justifica la violencia; ¿no es de esperar que una negociación que genera injustica, se utilice para justificar también otras formas de violencia?

¿Cómo se legitima la aplicación de la ley a los particulares, cuando se premia a otros que la infringen? ¿Qué mensaje deja? ¿Se puede violar la ley si se hace con propósitos nobles? ¿Los extremistas religiosos podrán también aspirar a beneficios? ¿O es acaso la permanencia en el tiempo, la criminalidad vuelta empresa, la que merece premio?

Ojalá la paz fuera alcanzable por firmas. Un papel firmado por los líderes de las Farc no nos llevará a la paz. Los colombianos seguiremos en la violencia. Le darán otro nombre: Bacrim, delincuencia o alguna otra sigla que pretenda darle personería de defensor de los más necesitados a quienes los atormentan con la violencia. No se trata de una observación pesimista. Las Farc no son el actor violento más fuerte en este momento; aun si cesaran toda su violencia, quedaríamos con suficiente para no sentirnos en paz. Es bueno ir desmontando a los violentos, pero como las Farc no son la única, no deberíamos concederles mucho.

Este gobierno ha cedido demasiado: Les ha dado ya los micrófonos del mundo, los ha presentado como ideólogos de equidad, les ha prometido reformas constitucionales y para que sean las Farc las que “trasformen” el agro colombiano. Les otorgó ya la impunidad. Dicen algunos que esto último es una exageración de los opositores. Conviene recordar que el gobierno aprobó el marco jurídico para la paz, que contempla una larga lista de figuras con las cuales las Farc no pagarán ni un solo día de cárcel. Se aprobó el mismo día que los beneficiarios, las Farc, intentaban asesinar con una bomba lapa a Fernando Londoño. En medio de la muerte de dos colombianos y la sangre de los heridos nuestro gobierno, sin pedir nada a cambio, otorgó estos beneficios de impunidad. Este es el piso de la negociación.

Lo que ha hecho el gobierno; ceder y ceder, es un precedente nefasto. Colombia seguirá como ha venido, premiando la delincuencia y al mismo tiempo preguntándose porqué siguen apareciendo tantos grupos violentos.

 

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